Amores con sobrepeso, frees bulímicos.
Siempre me han importando las relaciones humanas y sinceramente pierdo mucho el tiempo en eso. Me obsesiona observarlas, escrudiñar en ellas, diagnosticarlas y concluirlas. Lo hago desde mi perspectiva, de las experiencias que voy teniendo, con ayuda de los consejos que ido recolectando de amigos y de libros. Por eso confieso que este post no es más que un vómito de lo que he vivido hasta ahora.
Primera parte: El amor engorda.
¿Mis experiencias con relaciones serias de pareja? Solamente una, hace ya un año. Me enamoré y parecía como dice un amigo “como cabra en una tienda de cristalería”. Soy intensa y yo hice de esa relación una cosa seria. La viví muy rápido, le concentré todas mis energías y fui feliz. Di lo mejor que pude como supe hacerlo pero cuando terminó, de considerarme la novia perfecta pasé a ser la peor pesadilla de las ex novias, todo lo que hice bien lo eché a perder.
En cuanto se acabó salió lo peor de mí; sentí celos, insulté, acosé, restringí. Y me tardé la misma cantidad de tiempo en invertir en una relación que en destruirla. Todos los conflictos que viven las parejas cuando están juntas, yo los experimenté separada. Fue como abrir una gran cloaca y hubo dos cosas de las que me di cuenta. La primera fue que nunca tuvimos una comunicación efectiva, yo hablaba, decidía, pensaba por el otro; y la segunda, que soy una mujer aprehensiva, me gusta tener el control, imponer mis juicios y ser terca en ellos.
Casi igualito como la mayoría de relaciones de pareja que conozco. Nos decimos enamorados pero mentimos, herimos y somos egocentristas. Nos invaden los celos, cometemos faltas de respeto, nos volvemos dependientes y al final todo termina en relaciones meramente destructivas. Él que pega primero, pega dos veces pero la venganza siempre es dulce, y siguiendo con los lugares comunes, lo mejor son las reconciliaciones. Y así nos vamos, engordando al amor.
Un amor con sobrepeso es asfixiante. Un día amas, al siguiente odias. Hacemos responsable al otro de nuestra inseguridad, inmadurez y frustraciones emocionales. La comunicación se pierde en orgullos lastimados, berrinches y falsos perdones. No quiero ahondar en el punto, conocemos varias relaciones así. El resultado es triste, seres incapaces de tener relaciones sanas y codependientes.
Segunda parte: Frees bulímicos.
Un día una amiga me dijo: -¿no te has dado cuenta que te puedes acostar con el que quieras?; y tiene razón. No quiero sonar vanidosa pero si en este momento yo quisiera tener sexo rápido solo me basta revisar la pequeña libreta negra, escoger un número y pedirlo a domicilio. Hasta tengo menú: por edad, tamaño, ocupación, estado sentimental, etc. No soy la chica con la que todo mundo se quiera acostar por su físico pero entiendo muy bien la frase aquella que dice “la moral se disuelve en alcohol” o la de “jálale la cola al diablo”.
No soy ninguna moralista y los frees para mí son una buena idea para apagar fuegos y suplir necesidades inmediatas con remedios caseros. Lo mejor, con cero compromisos. Pero hay que ser inteligentes, se debe separar el corazón de la cama porque sino te metes en otro tipo de relación destructiva.
Un amigo me contó que prefería evitar las relaciones free porque luego son muy conflictivas. Las chicas comienzan a exigirle cada vez mayor atención, se sienten con el permiso de hacerle berrinches y concluye diciendo “a veces creen que acostándose contigo piensan que tienen una oportunidad de tener una relación seria”. A mí no ha sucedido, quizá termine siendo su mejor amiga pero novia jamás, los chicos lo toman diferente. Puede que piensen –mira que libertina tan moderna, pero para nada la novia que le presente a mi mamá-.
Un free es un free. Reglas básicas: cada quién su vida, no hacer preguntas de la vida privada, no verse muy seguido, no llamar al siguiente día, que dure poco tiempo y la regla de oro, prohibido enamorarse.
¿Y qué hay de malo con los frees? Si tienes muchos y no te cuidas, enfermedades. Si tienes necesidades afectivas, codependencia. Si no te gusta el compromiso, relaciones huecas y promiscuidad. No evadamos el hecho que todas las relaciones humanas con encuentros frecuentes crean relaciones afectivas, distorsionadas quizás, pero crecen.
Y los frees son como el atranco de la noche pasada, luego viene la cruda y no tienes con quien ir al cine al día siguiente. Es por eso que los frees adelgazan.
Tercera parte: Las 4 C
Siempre he pensado que mis discursos sobre las relaciones suenan a libro best seller, y eso que los odio. No creo que ésta vez sea la excepción, pero a base de las malas y buenas experiencias que he tenido durante los dos últimos años, pensar sobre el asunto, y porque no decirlo, llorar como Magdalena que compite por desbocar el río Éufrates; llegué a mis propias conclusiones, sea cual sea la relación que emprenda en un futuro se va a basar en los siguientes principios: conocer, compartir, confrontar y conciliar.
Conocer. Vivir la oportunidad de escuchar al otro. Permitirle que se exprese tal cual es, y aceptarlo. No inventar lo que quiero ver en él, o esperar a que sea diferente. Interesarme en sus pensamientos, miedos, expectativas y comprenderlo.
Compartir. Ser honesta con él. Procurar una comunicación efectiva, sin berrinches. Tengo un amigo al que siempre le hago berrinches y termino diciéndole –perdón por actuar de esa manera pero estoy aprendiendo a decir lo que pienso, solo que aún no sé cómo decirlo bien-. También promover la confianza, el respeto, y la solidaridad.
Confrontar. La palabra favorita de otro amigo. Si hay conflictos es porque algo no está bien y tarde o temprano va terminar por explotar. Es de valientes enfrentarlo, no evadirlo y no pensar que solos se pueden solucionar. A veces se deben amarrar orgullos, dialogar lo más serenamente posible. Aquí se repiten otras cosas, escuchar al otro y comunicarse bien, y lo mejor es establecer compromisos para solucionar las cosas, no falsas promesas.
Conciliar. El duro ejercicio de perdonar. De empezar de nuevo, de olvidar. Domar egos heridos, respetar los compromisos, y desprenderse de las malas situaciones. Es la lección más dura que me ha tocado aprender. Perdonar es amar, perdonar es dejar ir.
Creo que no sólo aplica a las relaciones sentimentales, sino a todo. Sino suman dos entonces no es una pareja, y existen los números pares que se repiten hasta el infinito. Es bonito concluirlo, lo más difícil es hacerlo realidad.
Una de las cosas que aprendí cuando leí un libro sobre creatividad, es que a veces hay buenas ideas que solo funcionan en la mente de quién las produce, el reto consiste en bajarlas a la realidad, y ahí no todas sobreviven.
Lo único que tomo por certero es que tengo la oportunidad de experimentar, si funciona será un problema menos, sino tendré que regresar a pensarlo de nuevo.
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sábado, 18 de julio de 2009
sábado, 23 de mayo de 2009
Desnuda para Diego
La burocracia del gobierno mexicano es una estupidez. Bueno, nunca he conocido una burocracia inteligente. Y aún así fue la razón por la que tomé el bolso negro y me perdí entre caminos poco conocidos y llegue a una ciudad colorida con rosas, azules y amarillos pasteles; arribé en Guanajuato.
Definitivamente se aprende a estar sola. Comer sola, hablar sola, dormir sola, viajar sola, bailar sola, etc. La soledad llega a convertirse en un estilo de vida, pero a veces se disfruta estar sola. Y una de esos momentos es recorrer sin mapa, sin planes y sin horarios una ciudad extraña.
Guanajuato es de esos lugares que no caben dentro de mi estructurada mentalidad. Me causan sorpresa las construcciones, en las que tienes que subir incontables escalones sin mencionar sus túneles obscuros casi laberintos en los que transitan automóviles y personas. Aún me impresiona la postal de una cúpula de iglesia rodeada de casas de colores, sus callejones claustrofóbicos, los camiones de la era antigua y la gente sentada tranquilamente en las innumerables bancas que existen en la ciudad.
Guanajuato es una ciudad que me hace la perfecta candidata al síndrome de Sthedal, aquel que se provoca cuando un individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística. Para mí, es una ciudad compleja, hermosa, pero de la cual siempre quiero salir huyendo.
Como viajera sin ruta, comencé a caminar y caminar, guiándome por las señaletica de la ciudad. Llegué hasta la calle Pocitos, a la casa marcada con el número 87, para ser más precisa, a la Casa de infancia de Diego Rivera.
El recinto, ahora museo, me recibió con un silencio pronunciado, como aquellos que únicamente se les tiene a las cosas que se les guardan respeto. Y entré dispuesta a descubrir que guardaba aquella casa para mí. En el primer piso me encontré con una exposición de decoración de casas mexicanas en la época antigua. En el segundo piso, me deje llevar por los bocetos, las pinturas, y el espíritu revolucionario de Diego. En el cuarto, con las ilustraciones que hizo para un libro nunca editado del Popol Vuh. Pero lo más impresionante para mí fueron sus litografías de desnudos.
Estaban ahí, la Kahlo y otras mujeres encueraditas en pedazos de papel amarillentos. Y al recorrer esos dibujos me recorrió una sensación desde el centro del cuerpo hacia la cabeza. Los desnudos nunca habían sido tema clave para mis sensaciones, creo que esto es nuevo, surgió desde que leo la historia de Camille Claudel, la escultora francesa. He encontrado escenas que hacen fantasear a mi mente solitaria. Una obra, un desnudo, la musa que se entrega apasionadamente a su maestro, y como resultado L´ Aurore de Rondín, inspirado en sus momentos íntimos con Camille.
Quizá de ahí nazca mi morbo. ¿Qué se sentirá permanecer desnuda ante los ojos de un artista ausentes que trazan cada línea de tu cuerpo? Él te mira, y te admira. Y plasma la belleza de la anatomía femenina. Lejos de la lujuria y de las nuevas tendencias de las figuras perfectas creo que en las obras artísticas se encuentra la esencia del cuerpo.
El cuerpo como la estructura que soporta al espíritu más allá de su forma, porque creo que también condiciona al espíritu y la persona. El cuerpo como la herramienta para crear, moverse, vivir. El cuerpo como el receptor de las emociones externas. Y el cuerpo, como medio, para amar a los prójimos.
Confieso que no hay nada más placentero para mí que descubrir un cuerpo tan parecido y a la misma vez disímil al mío, el cuerpo masculino. Con sus diferentes texturas y formas. Todo cuerpo es una aventura que comienza en la cabeza y termina en los pies. Y te dice tanto del otro, te cuenta sus secretos.
Y ahí estaban, los secretos expuestos de esas mujeres. La Frida con los ojos cerrados, sentada al borde de la cama, con medias y zapatos únicamente. Desnudos con trazos cubistas, desnudos con siluetas surrealistas, bocetos de desnudos. Y yo deseando quitarme la ropa para posar desnuda para Diego. Quizá sea por esa curiosidad vanidosa de querer verme a través de otros ojos sin descartar la idea erótica de posar para un artista.
Por suerte aquel momento fue interrumpido por unos adolescentes que subían y bajan el museo. Tomé las escaleras y bajé. Salí rápidamente de la finca Pocitos 87, con la firme intención de desnudar a aquella ciudad tan peculiar con mis ojos, mi nariz, oídos, y mi corazón.
Definitivamente se aprende a estar sola. Comer sola, hablar sola, dormir sola, viajar sola, bailar sola, etc. La soledad llega a convertirse en un estilo de vida, pero a veces se disfruta estar sola. Y una de esos momentos es recorrer sin mapa, sin planes y sin horarios una ciudad extraña.
Guanajuato es de esos lugares que no caben dentro de mi estructurada mentalidad. Me causan sorpresa las construcciones, en las que tienes que subir incontables escalones sin mencionar sus túneles obscuros casi laberintos en los que transitan automóviles y personas. Aún me impresiona la postal de una cúpula de iglesia rodeada de casas de colores, sus callejones claustrofóbicos, los camiones de la era antigua y la gente sentada tranquilamente en las innumerables bancas que existen en la ciudad.
Guanajuato es una ciudad que me hace la perfecta candidata al síndrome de Sthedal, aquel que se provoca cuando un individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística. Para mí, es una ciudad compleja, hermosa, pero de la cual siempre quiero salir huyendo.
Como viajera sin ruta, comencé a caminar y caminar, guiándome por las señaletica de la ciudad. Llegué hasta la calle Pocitos, a la casa marcada con el número 87, para ser más precisa, a la Casa de infancia de Diego Rivera.
El recinto, ahora museo, me recibió con un silencio pronunciado, como aquellos que únicamente se les tiene a las cosas que se les guardan respeto. Y entré dispuesta a descubrir que guardaba aquella casa para mí. En el primer piso me encontré con una exposición de decoración de casas mexicanas en la época antigua. En el segundo piso, me deje llevar por los bocetos, las pinturas, y el espíritu revolucionario de Diego. En el cuarto, con las ilustraciones que hizo para un libro nunca editado del Popol Vuh. Pero lo más impresionante para mí fueron sus litografías de desnudos.
Estaban ahí, la Kahlo y otras mujeres encueraditas en pedazos de papel amarillentos. Y al recorrer esos dibujos me recorrió una sensación desde el centro del cuerpo hacia la cabeza. Los desnudos nunca habían sido tema clave para mis sensaciones, creo que esto es nuevo, surgió desde que leo la historia de Camille Claudel, la escultora francesa. He encontrado escenas que hacen fantasear a mi mente solitaria. Una obra, un desnudo, la musa que se entrega apasionadamente a su maestro, y como resultado L´ Aurore de Rondín, inspirado en sus momentos íntimos con Camille.
Quizá de ahí nazca mi morbo. ¿Qué se sentirá permanecer desnuda ante los ojos de un artista ausentes que trazan cada línea de tu cuerpo? Él te mira, y te admira. Y plasma la belleza de la anatomía femenina. Lejos de la lujuria y de las nuevas tendencias de las figuras perfectas creo que en las obras artísticas se encuentra la esencia del cuerpo.
El cuerpo como la estructura que soporta al espíritu más allá de su forma, porque creo que también condiciona al espíritu y la persona. El cuerpo como la herramienta para crear, moverse, vivir. El cuerpo como el receptor de las emociones externas. Y el cuerpo, como medio, para amar a los prójimos.
Confieso que no hay nada más placentero para mí que descubrir un cuerpo tan parecido y a la misma vez disímil al mío, el cuerpo masculino. Con sus diferentes texturas y formas. Todo cuerpo es una aventura que comienza en la cabeza y termina en los pies. Y te dice tanto del otro, te cuenta sus secretos.
Y ahí estaban, los secretos expuestos de esas mujeres. La Frida con los ojos cerrados, sentada al borde de la cama, con medias y zapatos únicamente. Desnudos con trazos cubistas, desnudos con siluetas surrealistas, bocetos de desnudos. Y yo deseando quitarme la ropa para posar desnuda para Diego. Quizá sea por esa curiosidad vanidosa de querer verme a través de otros ojos sin descartar la idea erótica de posar para un artista.
Por suerte aquel momento fue interrumpido por unos adolescentes que subían y bajan el museo. Tomé las escaleras y bajé. Salí rápidamente de la finca Pocitos 87, con la firme intención de desnudar a aquella ciudad tan peculiar con mis ojos, mi nariz, oídos, y mi corazón.
jueves, 30 de abril de 2009
Pondere, sea feliz.
Tengo mala memoria para las referencias, pero alguna vez dije en este blog porque escuché no sé donde que una vida desgraciada es directamente proporcional a las malas decisiones que tomamos. Matemática pura. Pero en ese tiempo solo señalé la causa y nunca di la solución, ahora la tengo.
No es que sea maga, ni bruja, ni psicóloga, ni chamana, ni guionista de una revista de tv femenina, tampoco adivina, ni siquiera charlatana de tianguis. Es más, no lo descubrí solita, lo copié. Y como dicen que no tiene nada de malo copiar lo bueno de los demás, he sacrificado mi propia originalidad para sacar del hoyo a las miles de indecisos que no saben tomar buenas decisiones. No les va a costar ni un peso, sólo la módica dosis de atención que necesito, y ya lo hacen leyendo esto.
Compas y compitas, señoritas y las que lo fingen, patanes y caballeros, niños y niñas, que no les digan, que no les cuenten, si tienen problemas para tomar buenas decisiones no es porque sean medio babosos, sino porque no conocen la técnica, el método infalible tan sencillo y tan barato, sólo necesita saber hacer cuentas matemáticas. Yo fui raptada por aliens, me mostraron su conocimiento y ahora tengo la misión de decirles que lo único que ustedes necesitan para ser feliz es aprender a ¡Ponderar!
Si ¡Ponderar! esa jodida palabra que te topaste alguna vez y la dejaste pasar de lado porque suena muy petulante para buscarla en el diccionario. De hecho tiene varios significados, aquí establecemos el siguiente “ponderar significa darle valor a las cosas para luego discernir cuál de ellas tiene más valor”. Y quizá me vaya al ejemplo más idiota, pero es el más entendible.
Presten atención. Marianita no sabe con quién de sus tres galanes salir este fin de semana: Brandon, Dylan, o Bob. Tiene que tomar una decisión importante, pero los tres son guapísimos… ¿qué tiene que hacer? Pues definir categorías, luego darles un valor y luego asignarles una calificación del 1 al 10. Ahí les va:
Categoría Valor Brandon Dylan Bob
Mejor auto 30% 5 4 8
Más dinero 30% 7 5 4
Super cachondo 40% 3 6 8
Ahora, se debe de multiplicar cada calificación por el valor. Por ejemplo (30x5)(30X4)(30x8). Y sumar los resultados.
Categoría Valor Brandon Dylan Bob
Mejor auto 30% 150 120 240
Más dinero 30% 210 150 120
Super cachondo 40% 120 240 320
Totales 100% 480 510 680
El mejor para Marianita es Bob. Aunque no tenga nombre de personaje de Bervely Hills 90210, para ella es importante que la cita sea cachonda y Bob cumple con ello. Quizás no tenga tanta lana, pero pasearse en el mejor auto pues da el gatazo. No es lo mismo hacerlo detrás de un bocho 89, que un Volvo 2009. Sólo las indie girls tienen fantasías en bochos.
¿Vieron? Tan fácil y tan sencillo. Y puede aplicar a cualquier situación. La lógica quizá sea el mejor camino, y absténganse de decir que es un método frio y sólo numérico y que no tiene magia y bla bla bla. Yo me pasaba de pendeja por elegir con el corazón, es neto. Las mate rifan para todo. ¿No me creen? Pues ahorita con la influenza vean todas las pelís de mentes indomables, genios matemáticos y esas cosas… y verán.
Gracias por su atención, espero salvarles la vida.
No es que sea maga, ni bruja, ni psicóloga, ni chamana, ni guionista de una revista de tv femenina, tampoco adivina, ni siquiera charlatana de tianguis. Es más, no lo descubrí solita, lo copié. Y como dicen que no tiene nada de malo copiar lo bueno de los demás, he sacrificado mi propia originalidad para sacar del hoyo a las miles de indecisos que no saben tomar buenas decisiones. No les va a costar ni un peso, sólo la módica dosis de atención que necesito, y ya lo hacen leyendo esto.
Compas y compitas, señoritas y las que lo fingen, patanes y caballeros, niños y niñas, que no les digan, que no les cuenten, si tienen problemas para tomar buenas decisiones no es porque sean medio babosos, sino porque no conocen la técnica, el método infalible tan sencillo y tan barato, sólo necesita saber hacer cuentas matemáticas. Yo fui raptada por aliens, me mostraron su conocimiento y ahora tengo la misión de decirles que lo único que ustedes necesitan para ser feliz es aprender a ¡Ponderar!
Si ¡Ponderar! esa jodida palabra que te topaste alguna vez y la dejaste pasar de lado porque suena muy petulante para buscarla en el diccionario. De hecho tiene varios significados, aquí establecemos el siguiente “ponderar significa darle valor a las cosas para luego discernir cuál de ellas tiene más valor”. Y quizá me vaya al ejemplo más idiota, pero es el más entendible.
Presten atención. Marianita no sabe con quién de sus tres galanes salir este fin de semana: Brandon, Dylan, o Bob. Tiene que tomar una decisión importante, pero los tres son guapísimos… ¿qué tiene que hacer? Pues definir categorías, luego darles un valor y luego asignarles una calificación del 1 al 10. Ahí les va:
Categoría Valor Brandon Dylan Bob
Mejor auto 30% 5 4 8
Más dinero 30% 7 5 4
Super cachondo 40% 3 6 8
Ahora, se debe de multiplicar cada calificación por el valor. Por ejemplo (30x5)(30X4)(30x8). Y sumar los resultados.
Categoría Valor Brandon Dylan Bob
Mejor auto 30% 150 120 240
Más dinero 30% 210 150 120
Super cachondo 40% 120 240 320
Totales 100% 480 510 680
El mejor para Marianita es Bob. Aunque no tenga nombre de personaje de Bervely Hills 90210, para ella es importante que la cita sea cachonda y Bob cumple con ello. Quizás no tenga tanta lana, pero pasearse en el mejor auto pues da el gatazo. No es lo mismo hacerlo detrás de un bocho 89, que un Volvo 2009. Sólo las indie girls tienen fantasías en bochos.
¿Vieron? Tan fácil y tan sencillo. Y puede aplicar a cualquier situación. La lógica quizá sea el mejor camino, y absténganse de decir que es un método frio y sólo numérico y que no tiene magia y bla bla bla. Yo me pasaba de pendeja por elegir con el corazón, es neto. Las mate rifan para todo. ¿No me creen? Pues ahorita con la influenza vean todas las pelís de mentes indomables, genios matemáticos y esas cosas… y verán.
Gracias por su atención, espero salvarles la vida.
jueves, 1 de marzo de 2007
Lo que antes era un lujo.
Recuerdo bien a las tías de mi mamá. Aquellas señoras que íbamos a visitar cuando mis padres no tenían una mejor idea de donde llevar a pasear a sus hijos el fin de semana. Recuerdo el olor agrio de la cocina y el parloteo del enjambre de moscas que se posaban donde les diera la gana, en la nariz, en los brazos, en las manos etc. También recuerdo de lo que siempre hablaban, no es que sea un genio, pero siempre trataban acerca del pasado. No me aburría escuchándolas porque al menos me contaban historias y era interesante imaginar como era mi mamá cuando era niña.
Parece ser que en cuanto ganaban más edad solían hablar más del pasado y menos del futuro, como también parece ser que entre más canas y más arrugas tenían, las invadía una nueva dosis de melancolía sobre el tiempo de antaño. Era como si el presente ya no fuera de ellas y los últimos años los vivieran con distancia; más cerca de lo que fue, más lejos de lo que en ese momento era. La visita era perfecta hasta en el momento que dejaban de voltear los ojos hacia al cielo y los posaban en nosotros los niños y con un tono recriminatorio hacían observaciones de lo que antes era un lujo y ahora nosotros los disfrutamos como alguna otra cosa de la vida cotidiana.
Los siguiente ejemplos son los que mejor recuerdo porque era los que pronunciaban con más saña: Antes era un lujo comer pan blanco con jamón, el famoso Sándwich, que en aquellos tiempos solo se servía en fiestas de cumpleaños y le daba estatus al festejado, ahora, es lo que se come cuando mi mamá no tiene ganas de cocinar. Antes era un lujo tener una televisión y hasta cobraban cinco centavos a los niños de la colonia para que entraran a ver los primeros programas cómicos que había, ahora, la televisión puede estar prendida todo el día y nadie verla. Antes era un lujo estrenar ropa los Días de Fiesta, ahora se estrena ropa cada cambio escolar.
Y así sucesivamente, recitaban interminables lujos tratando de hacernos sentir culpables de algo en lo que no teníamos injerencia. Así es el mundo, lo que ayer parecía un exceso ahora está al alcance de todos. El lujo ahora dura solo uno meses, una póliza de garantía, una temporada. El lujo en ascendencia ahora es una carrera agotadora, que creo que las tías no soportarían los cambios tan repentinos.
Pero tengo decidió un día ir a visitarlas al panteón, llevarles un ramo de flores, sentarme en la tumba y contarles que ahora es un lujo vivir en una casa grande y tener un pasillo lleno de macetas o una huerta en la parte de atrás. Que ahora es un lujo pasar tus vacaciones en un hotel sin aparatos electrónicos y sin luz. Que es un lujo comer tortillas hechas a mano, es lujo tener toda una tarde para sentarte a tejer o leer un libro. Es un lujo tener una casa en el campo.
¡Que irónico!
Parece ser que en cuanto ganaban más edad solían hablar más del pasado y menos del futuro, como también parece ser que entre más canas y más arrugas tenían, las invadía una nueva dosis de melancolía sobre el tiempo de antaño. Era como si el presente ya no fuera de ellas y los últimos años los vivieran con distancia; más cerca de lo que fue, más lejos de lo que en ese momento era. La visita era perfecta hasta en el momento que dejaban de voltear los ojos hacia al cielo y los posaban en nosotros los niños y con un tono recriminatorio hacían observaciones de lo que antes era un lujo y ahora nosotros los disfrutamos como alguna otra cosa de la vida cotidiana.
Los siguiente ejemplos son los que mejor recuerdo porque era los que pronunciaban con más saña: Antes era un lujo comer pan blanco con jamón, el famoso Sándwich, que en aquellos tiempos solo se servía en fiestas de cumpleaños y le daba estatus al festejado, ahora, es lo que se come cuando mi mamá no tiene ganas de cocinar. Antes era un lujo tener una televisión y hasta cobraban cinco centavos a los niños de la colonia para que entraran a ver los primeros programas cómicos que había, ahora, la televisión puede estar prendida todo el día y nadie verla. Antes era un lujo estrenar ropa los Días de Fiesta, ahora se estrena ropa cada cambio escolar.
Y así sucesivamente, recitaban interminables lujos tratando de hacernos sentir culpables de algo en lo que no teníamos injerencia. Así es el mundo, lo que ayer parecía un exceso ahora está al alcance de todos. El lujo ahora dura solo uno meses, una póliza de garantía, una temporada. El lujo en ascendencia ahora es una carrera agotadora, que creo que las tías no soportarían los cambios tan repentinos.
Pero tengo decidió un día ir a visitarlas al panteón, llevarles un ramo de flores, sentarme en la tumba y contarles que ahora es un lujo vivir en una casa grande y tener un pasillo lleno de macetas o una huerta en la parte de atrás. Que ahora es un lujo pasar tus vacaciones en un hotel sin aparatos electrónicos y sin luz. Que es un lujo comer tortillas hechas a mano, es lujo tener toda una tarde para sentarte a tejer o leer un libro. Es un lujo tener una casa en el campo.
¡Que irónico!
sábado, 17 de febrero de 2007
En el principio fue el amor.
“Feliz día del amor y de la amistad”, es la frase con la que ineluctablemente nos topamos el catorce de febrero, junto con ella somos testigos de un espectáculo que solo ocurre una vez al año, el paisaje se satura de corazones: Uno, dos, tres, doscientos. Formas de corazón en globos, tarjetas, paletas, pasteles, peluches, y gráficos; se imprimen en todo aquel objeto que nos resulte dulce, rojo y cursi, que se parezca al amor.
Dicen que el amor tiene su morada en el corazón, órgano rojo situado al lado izquierdo del pecho y que ahí se guardan todos los sentimientos ¡Por eso tantos corazones en el día de San Valentín! Es el símbolo por excelencia. Sin embargo me atrevo a decir que hemos vivido en un tremendo error, en el órgano cardiaco no hay mas que arterias cumpliendo con su función, el amor se encuentra en el cerebro.
El amor es la primera herramienta para sobrevivir, es lo que explica Eduardo Punset[1] sobre la creación del mundo. Hace 3 mil quinientos billones de años en la tierra sobre condiciones inhóspitas, la primera bacteria comienza a mandar señales para saber si hay alguien más a su alrededor, porque estaba asustada y necesitaba del amor, necesitaba de alguien más para poder subdividirse en dos, en cuatro, ocho y sucesivamente. Por lo que el amor para el autor de “El alma está en el cerebro”, no es un acto de entrega ni de generosidad, sino un principio de vida.
En efecto, es una idea desnuda de pretensiones sentimentales, sin embargo es lo más genuino que he escuchado acerca del amor. Un tanto difícil de entender debido a la tradición mediática de la forma de administrar el sentimiento supremo en las películas de la época del cine de oro, la formula sobada de las novelas mexicanas (con su respectiva triada divina: Maria Mercedes, Marimar y Maria la del barrio) y de las canciones arracadas melancólicamente del piano de Agustín Lara o la voz arrabal de José Alfredo Jiménez. Que son luego de las relaciones sociales primarias (familia y seres queridos) la segunda escuela sentimental.
Tímidamente me atrevo solo a dibujar que parte de los preceptos de esta forma de amar devienen de la tradición católica-cristiana de la renuncia del yo, es decir, el amor sumiso, el amor del sacrificio. Por lo que no dudo que la cursilería sea la miel más empalagosa para resanar lo costoso que nos sale amar. Es por eso que hago una apuesta muy fuerte por el amor como forma de principio de vida y no como sentido de vida.
En el amor como instinto se encuentra la solidaridad, la igualdad, la individualidad, la reciprocidad; es decir, compartir e incluir en nosotros al otro, para perpetuar el milagro del ejercicio cotidiano que es vivir. Y como la naturaleza es sencilla y astuta, la perpetuidad solo es posible en ambientes armónicos y equilibrados. Es decir, en el derecho que tenemos todos a amar y a ser amados.
Sé que un globo con forma de cerebro es menos estético que uno con forma de corazón, en eso estoy de acuerdo. Pero creo que es preferible amar con la cabeza de una manera sencilla pero tremendamente profunda. Sin tantos adornos, lentejuela, zurcidos y listones.
[1] Eduardo Punset es abogado, economista y divulgador científico español. Autor del libro “El alma está en el cerebro” se puede consultar en: http://www.eduardpunset.es/libros_detalle.php?idlibro=10
Dicen que el amor tiene su morada en el corazón, órgano rojo situado al lado izquierdo del pecho y que ahí se guardan todos los sentimientos ¡Por eso tantos corazones en el día de San Valentín! Es el símbolo por excelencia. Sin embargo me atrevo a decir que hemos vivido en un tremendo error, en el órgano cardiaco no hay mas que arterias cumpliendo con su función, el amor se encuentra en el cerebro.
El amor es la primera herramienta para sobrevivir, es lo que explica Eduardo Punset[1] sobre la creación del mundo. Hace 3 mil quinientos billones de años en la tierra sobre condiciones inhóspitas, la primera bacteria comienza a mandar señales para saber si hay alguien más a su alrededor, porque estaba asustada y necesitaba del amor, necesitaba de alguien más para poder subdividirse en dos, en cuatro, ocho y sucesivamente. Por lo que el amor para el autor de “El alma está en el cerebro”, no es un acto de entrega ni de generosidad, sino un principio de vida.
En efecto, es una idea desnuda de pretensiones sentimentales, sin embargo es lo más genuino que he escuchado acerca del amor. Un tanto difícil de entender debido a la tradición mediática de la forma de administrar el sentimiento supremo en las películas de la época del cine de oro, la formula sobada de las novelas mexicanas (con su respectiva triada divina: Maria Mercedes, Marimar y Maria la del barrio) y de las canciones arracadas melancólicamente del piano de Agustín Lara o la voz arrabal de José Alfredo Jiménez. Que son luego de las relaciones sociales primarias (familia y seres queridos) la segunda escuela sentimental.
Tímidamente me atrevo solo a dibujar que parte de los preceptos de esta forma de amar devienen de la tradición católica-cristiana de la renuncia del yo, es decir, el amor sumiso, el amor del sacrificio. Por lo que no dudo que la cursilería sea la miel más empalagosa para resanar lo costoso que nos sale amar. Es por eso que hago una apuesta muy fuerte por el amor como forma de principio de vida y no como sentido de vida.
En el amor como instinto se encuentra la solidaridad, la igualdad, la individualidad, la reciprocidad; es decir, compartir e incluir en nosotros al otro, para perpetuar el milagro del ejercicio cotidiano que es vivir. Y como la naturaleza es sencilla y astuta, la perpetuidad solo es posible en ambientes armónicos y equilibrados. Es decir, en el derecho que tenemos todos a amar y a ser amados.
Sé que un globo con forma de cerebro es menos estético que uno con forma de corazón, en eso estoy de acuerdo. Pero creo que es preferible amar con la cabeza de una manera sencilla pero tremendamente profunda. Sin tantos adornos, lentejuela, zurcidos y listones.
[1] Eduardo Punset es abogado, economista y divulgador científico español. Autor del libro “El alma está en el cerebro” se puede consultar en: http://www.eduardpunset.es/libros_detalle.php?idlibro=10
miércoles, 17 de enero de 2007
La espera.
La frase de la que se supone que debería de partir este ensayo es “la exhortación a una espera ineluctable”. Y me puse a buscar y a esperar a las ideas me iluminaran. Era ya mi trabajo desenredar la serie de imágenes que se me venían a la cabeza cuando repare en un cierto tipo de espera.
Concibo a la espera como la distancia entre una idea que se fragua en la imaginación dándose a desear y un hecho, que es el acto final que satisface a ese deseo. Por lo que los principios siempre son predecibles y los finales imaginados, la aventura se encuentra justamente en el modo de esperar.
Esperar no es un acto sencillo, requiere de altas dosis de paciencia y de voluntad. El tiempo es una cruel condición que suele burlarse destajadamente del ser humano. Es sencillo percibirlo, cuando nos gana la ansiedad parece que corre lento, cuando queremos aprehender un momento, de prisa se nos escapa.
Al tiempo durante la espera hay que saber encontrarle el ritmo, la ansiedad suele desembocarnos en dos situaciones: el volvernos loco por habernos consumido por la incertidumbre u olvidar la meta propuesta porque se nos agotaron las ganas de seguir esperando. Y justamente ahí fallece la oportunidad de alcanzar una pretensión.
Creo también que el tamaño de la espera es proporcional al valor de hecho deseado, como en las novelas épicas, entre más grande la hazaña más grande la recompensa.
Y no medida en cantidad de tiempo, aunque eso influye, sino más bien en la fuerza del deseo.
A consecuencia de lo anterior, existen esperas que pesan sobre otras y vuelvo a hacer énfasis en este punto, es en la espera donde uno se encuentra con la aventura que nos conlleva al conocimiento de nuestro espíritu.
Y se espera con la paciencia de un campesino que ve crecer su cultivo, con las ansias indomables de dos amantes que se encuentran lejos, con la Fe de un soldado de seguir vivo al final de la guerra, con la ilusión de una mujer que será madre, con la resignación de un desahuciado.
La espera no concibe más que la esperanza del hombre, que es el pensamiento apaciguador de que al final se puede estar mejor.
Concibo a la espera como la distancia entre una idea que se fragua en la imaginación dándose a desear y un hecho, que es el acto final que satisface a ese deseo. Por lo que los principios siempre son predecibles y los finales imaginados, la aventura se encuentra justamente en el modo de esperar.
Esperar no es un acto sencillo, requiere de altas dosis de paciencia y de voluntad. El tiempo es una cruel condición que suele burlarse destajadamente del ser humano. Es sencillo percibirlo, cuando nos gana la ansiedad parece que corre lento, cuando queremos aprehender un momento, de prisa se nos escapa.
Al tiempo durante la espera hay que saber encontrarle el ritmo, la ansiedad suele desembocarnos en dos situaciones: el volvernos loco por habernos consumido por la incertidumbre u olvidar la meta propuesta porque se nos agotaron las ganas de seguir esperando. Y justamente ahí fallece la oportunidad de alcanzar una pretensión.
Creo también que el tamaño de la espera es proporcional al valor de hecho deseado, como en las novelas épicas, entre más grande la hazaña más grande la recompensa.
Y no medida en cantidad de tiempo, aunque eso influye, sino más bien en la fuerza del deseo.
A consecuencia de lo anterior, existen esperas que pesan sobre otras y vuelvo a hacer énfasis en este punto, es en la espera donde uno se encuentra con la aventura que nos conlleva al conocimiento de nuestro espíritu.
Y se espera con la paciencia de un campesino que ve crecer su cultivo, con las ansias indomables de dos amantes que se encuentran lejos, con la Fe de un soldado de seguir vivo al final de la guerra, con la ilusión de una mujer que será madre, con la resignación de un desahuciado.
La espera no concibe más que la esperanza del hombre, que es el pensamiento apaciguador de que al final se puede estar mejor.
sábado, 2 de diciembre de 2006
Des-querer.
Los días comienzan a tornarse cada vez más helados, puedo sentir el viento frió acariciándome el rostro, estremeciendo mi cuerpo y pintándome la nariz de rojo. Diciembre llegó. Y la sensibilidad interior se vuelca a mi piel así como también los pensamientos que comienza a moverse a manera de péndulo en mi mente tratando de sintetizar mi existencia.
Navidad dicen que es el tiempo del amor, la fecha permisible para hacer grandes demostraciones de cariño, la época donde se pactan treguas entre enemigos, se reciben abrazos, se expresan buenos deseos y sentimientos sublimes. La gente se hincha de dar y recibir amor.
Me rehúso a caer en un cliché tan popular y barato. Mi intención en esta época decembrina no será querer más sino aprender a querer mejor. El amor es un valor que todos los seres humanos poseemos en diferente medida. Unos están más capacitados para darlo más que otros y existe uno que otro que puede sobrevivir con dosis muy pequeñas.
Sentir amor por el prójimo es un sentimiento tan sublime que es de tontos repartirlo sin control y al por mayor. Aconsejan que uno debe de dar con la intención de no recibir nada a cambio, yo digo que no, es de estupidos no reconocer que cuando damos amor, esperamos amor. Quizás lo correcto no es pretender recibir de más, sino lo justo.
Creo que los detalles, la atención, el acompañamiento, el perdón, los consejos etcétera, que tenemos hacia los demás deben en cierta medida de ser reconocidos porque son valiosos, porque provienen de un ser humano y obedece a los propios principios del amor.
Pero sucede que malqueremos: o damos de más o de menos a quien no le corresponde esa cuota. A veces sobreabundamos solo por un capricho de sentirnos atendidos por alguien al que no le interesa, no valora y ni siquiera se da cuenta del cariño que uno le profana.
Por eso des-querer a alguien no es tan mala idea, en vez de quererlo más ¿por qué mejor no menos? Para que todo se iguale en la balanza y no tengamos que sufrir por la pena de no sentirnos valorados. Es una regla que puede sonar egoísta pero creo que es demasiado práctica, aprender a amar en la medida en que somos amados.
¿Suena esto demasiado soberbio? ¿Se preguntan que cómo me sentiré cuando a mi me desquieran? Ya me ha pasado y si uno no sufre de dosis altas de ego, se siente una completa liberación porque el intercambio es justo y te quieren en la medida que los quieres.
El amor es el sentimiento más humano, creo firmemente en él y en su poder, por eso defiendo el mío. Y reitero mi intención de no despilfarran promesas amorosas este diciembre, sino amar a las personas en la medida justa de lo que son capaces de ofrecer.
Navidad dicen que es el tiempo del amor, la fecha permisible para hacer grandes demostraciones de cariño, la época donde se pactan treguas entre enemigos, se reciben abrazos, se expresan buenos deseos y sentimientos sublimes. La gente se hincha de dar y recibir amor.
Me rehúso a caer en un cliché tan popular y barato. Mi intención en esta época decembrina no será querer más sino aprender a querer mejor. El amor es un valor que todos los seres humanos poseemos en diferente medida. Unos están más capacitados para darlo más que otros y existe uno que otro que puede sobrevivir con dosis muy pequeñas.
Sentir amor por el prójimo es un sentimiento tan sublime que es de tontos repartirlo sin control y al por mayor. Aconsejan que uno debe de dar con la intención de no recibir nada a cambio, yo digo que no, es de estupidos no reconocer que cuando damos amor, esperamos amor. Quizás lo correcto no es pretender recibir de más, sino lo justo.
Creo que los detalles, la atención, el acompañamiento, el perdón, los consejos etcétera, que tenemos hacia los demás deben en cierta medida de ser reconocidos porque son valiosos, porque provienen de un ser humano y obedece a los propios principios del amor.
Pero sucede que malqueremos: o damos de más o de menos a quien no le corresponde esa cuota. A veces sobreabundamos solo por un capricho de sentirnos atendidos por alguien al que no le interesa, no valora y ni siquiera se da cuenta del cariño que uno le profana.
Por eso des-querer a alguien no es tan mala idea, en vez de quererlo más ¿por qué mejor no menos? Para que todo se iguale en la balanza y no tengamos que sufrir por la pena de no sentirnos valorados. Es una regla que puede sonar egoísta pero creo que es demasiado práctica, aprender a amar en la medida en que somos amados.
¿Suena esto demasiado soberbio? ¿Se preguntan que cómo me sentiré cuando a mi me desquieran? Ya me ha pasado y si uno no sufre de dosis altas de ego, se siente una completa liberación porque el intercambio es justo y te quieren en la medida que los quieres.
El amor es el sentimiento más humano, creo firmemente en él y en su poder, por eso defiendo el mío. Y reitero mi intención de no despilfarran promesas amorosas este diciembre, sino amar a las personas en la medida justa de lo que son capaces de ofrecer.
miércoles, 8 de noviembre de 2006
Manifiesto de la Maldad Inocente.
Racionalmente se crearon categorías para aprender a distinguir entre lo bueno y lo malo, el frío y el calor, los ricos y los pobres, lo dulce y lo ácido: y sucesivamente, no se entiende uno sin el otro.
Entre lo bueno, están los buenos y entre los malo, obvio están los malos. Adjetivos calificativos que se les dan a los sujetos de acuerdo a sus actos. Los buenos siempre hacen el bien, no lastiman a los demás, todo mundo los quiere, su vida está repleta de agradecimientos y quizás también de decepciones ¡por qué alguna vez se pasaron de buenos!. Los malos en cambio son seres solitarios, temidos, tienen enemigos como cabellos en la cabeza, nadie los quiere y es común que les lancen injurias de todo tipo. Viven llenos de resentimiento y también de gusto ¡por qué alguna vez fueron lo suficientemente malos!
Es claro que el bueno y el malo son diferentes ¿pero cuál es el nexo que los une? La intención. Los dos sujetos manifiestan expresar una acción que repercute hacia los demás, hacerles bien o hacerles mal, en ambos existe esa fuerza ilocucionaria que dicta: goza o sufre.
¿Pero qué sucede cuando el acto consumado no fue ejecutado con la intención que se dibuja y da pie a interpretaciones? Seré clara, cuando lo bueno parece malo y lo malo parece bueno. Aquí la intención no dictamina el adjetivo del acto porque no fue decodificado de acuerdo al más puro e íntimo deseo del operante ¿y qué tal sino existió tal intención?
Sucede que estás malas interpretaciones son quizás a causa de ruidos en la comunicación entre el sujeto y su entorno, pero aún después aclarado el mensaje, la huella ha quedado marcada; tanto el bien o el daño hecho, son irreversibles. Cuando se obtiene el bien solemos no repara en ello, sino se olvida, hasta se agradece; pero si nos perjudica, la buena o la nula intención queda herida famélicamente sangrando en la alfombra.
Ya que ser un malo y quedar como bueno, es astuto. Pero ser un bueno y quedar como malo, es estúpido. ¿Pero valdrá el mote considerando que si bien no existió una mala intención se tenga que pagar por lo qué la interpretación arrojó? Es decir, uno no lo considera malo hasta que otro lo califica como tal, y es común que el afectado lo enjuicie subjetivamente, desde su propio dolor o humillación. Estás confusiones se dan cuando uno decide actuar en beneficio de uno mismo ¿y es acaso egoísmo? No, porque no tiene una intención maligna; más bien va impregnada de inocencia.
Y esa combinación entre la confusión sobre el episodio que lastima y la ingenuidad en la intención, da vida a la Maldad Inocente que se le puede definir como el conjunto de actos motivados por el móvil del eje individual no consciente que pueda herir a los demás. Ejemplos hay muchos, como no poder asistir al cumpleaños de un familiar por compromisos pactados por anterioridad, aceptar las invitaciones a salir como amiga de alguien que no te quiere para tal, ordenar una habitación sin que te lo hayan pedido, tomar algo prestado sin saber que el dueño se puede enojar etcétera. Es increíble la cantidad de actos que pueden hacer irritar a los demás.
Dado el caso y definida la cuestión, me declaro una maldita inocente. Ya que mis intenciones nunca fueron malas o quizás no existieron, mi maldad es el resultado simplemente de una mala interpretación.
Entre lo bueno, están los buenos y entre los malo, obvio están los malos. Adjetivos calificativos que se les dan a los sujetos de acuerdo a sus actos. Los buenos siempre hacen el bien, no lastiman a los demás, todo mundo los quiere, su vida está repleta de agradecimientos y quizás también de decepciones ¡por qué alguna vez se pasaron de buenos!. Los malos en cambio son seres solitarios, temidos, tienen enemigos como cabellos en la cabeza, nadie los quiere y es común que les lancen injurias de todo tipo. Viven llenos de resentimiento y también de gusto ¡por qué alguna vez fueron lo suficientemente malos!
Es claro que el bueno y el malo son diferentes ¿pero cuál es el nexo que los une? La intención. Los dos sujetos manifiestan expresar una acción que repercute hacia los demás, hacerles bien o hacerles mal, en ambos existe esa fuerza ilocucionaria que dicta: goza o sufre.
¿Pero qué sucede cuando el acto consumado no fue ejecutado con la intención que se dibuja y da pie a interpretaciones? Seré clara, cuando lo bueno parece malo y lo malo parece bueno. Aquí la intención no dictamina el adjetivo del acto porque no fue decodificado de acuerdo al más puro e íntimo deseo del operante ¿y qué tal sino existió tal intención?
Sucede que estás malas interpretaciones son quizás a causa de ruidos en la comunicación entre el sujeto y su entorno, pero aún después aclarado el mensaje, la huella ha quedado marcada; tanto el bien o el daño hecho, son irreversibles. Cuando se obtiene el bien solemos no repara en ello, sino se olvida, hasta se agradece; pero si nos perjudica, la buena o la nula intención queda herida famélicamente sangrando en la alfombra.
Ya que ser un malo y quedar como bueno, es astuto. Pero ser un bueno y quedar como malo, es estúpido. ¿Pero valdrá el mote considerando que si bien no existió una mala intención se tenga que pagar por lo qué la interpretación arrojó? Es decir, uno no lo considera malo hasta que otro lo califica como tal, y es común que el afectado lo enjuicie subjetivamente, desde su propio dolor o humillación. Estás confusiones se dan cuando uno decide actuar en beneficio de uno mismo ¿y es acaso egoísmo? No, porque no tiene una intención maligna; más bien va impregnada de inocencia.
Y esa combinación entre la confusión sobre el episodio que lastima y la ingenuidad en la intención, da vida a la Maldad Inocente que se le puede definir como el conjunto de actos motivados por el móvil del eje individual no consciente que pueda herir a los demás. Ejemplos hay muchos, como no poder asistir al cumpleaños de un familiar por compromisos pactados por anterioridad, aceptar las invitaciones a salir como amiga de alguien que no te quiere para tal, ordenar una habitación sin que te lo hayan pedido, tomar algo prestado sin saber que el dueño se puede enojar etcétera. Es increíble la cantidad de actos que pueden hacer irritar a los demás.
Dado el caso y definida la cuestión, me declaro una maldita inocente. Ya que mis intenciones nunca fueron malas o quizás no existieron, mi maldad es el resultado simplemente de una mala interpretación.
miércoles, 25 de octubre de 2006
Placeres culposos.
Uno de los placeres culposos que difícilmente reconocemos es el gusto por saber de la vida de los demás. Es difícil no dejarse tentar por la necesidad de averiguar que le pasa al prójimo, tanto así que me atrevo a retar aquel que dice no haberlo hecho a que levante la mano, pero pronto la bajara al acordarse de que alguna vez se quedo discretamente atento a la platica de su vecino con un extraño, a seguir la conversación de dos desconocidos, abrir una carta ajena, leer el diario personal de un amigo o cuando su teléfono se cruzo con una llamada ajena y se divirtió hasta que con saña decidió opinar también. Hablar de generalidades sé que puede ser peligroso pero tampoco puedo evidenciar a alguna persona o a todas las personas que tienen esta afición porque se sentirían descaradamente expuestas, así que dejare que ninguno levante la mano y mejor lo piense en silencio. Quizás me pregunten por los argumentos para estar tan segura de tal generalidad y también de mis motivos para evadirla, pero lo único que puedo decir es que es la naturaleza de este placer lo que me orilla a enunciarlo de una manera superficial, seré más clara con un ejemplo, un conocido descubrió la infidelidad de su mujer, decidió perdonarla y ser discreto con el hecho, en un acto de confidencialidad se lo contó a su mejor amigo, este pasmado con la noticia se lo dijo a su novia, la novia con ganas de compartir tremenda bomba se lo compartió a una amiga, esa amiga a otra amiga hasta que la noticia llegó a mis oídos y yo se las trasmito a ustedes y les pediré por favor que juren no decírselo a nadie, espero y no se porten reticentes para respetar las formas de un secreto a voces, porque si mi amigo se entera que varias personas lo sabemos, culparía directamente al novio de mi amiga y entonces se terminaría una amistad que vale más que el placer por comentar la vida de los demás y todos los involucrados nos meteríamos en serios problemas.
Si llevamos el acto de romper la confidencialidad a juicio, inmediatamente todos somos culpables, es evidente que es una falta moral no saber guardar un secreto pero también hay una necesidad humana por compartirlo. Ya que si nuestra vida se concentrará únicamente en mirar nuestros problemas, defectos y no atender otra cosa que nuestra intimidad seria tremendamente aburrida y monótona. La cuestión es sencilla, existe una necesidad intrínseca del ser humano que se llama curiosidad y llega a producir altos niveles de ansiedad sino se satisface, cuando esta viene acompañada de una ligera aversión por las cosas desagradables o con un interés malsano se le llama morbo. Para la industria del entretenimiento es bien sabido que producir morbo vende y la vida de músicos, cantantes, actores, directores de cine, políticos y escritores se ve expuesta en escándalos presentados en diferentes formatos: libros, documentales, programas de espectáculos, periódicos, películas etc. A cualquier personaje público vender la vida privada le deja más ganancias que perdidas, gana popularidad y desde este punto podemos evidenciar otro placer culposo que es el gusto de hablar de nosotros mismos.
Tanto el morbo por la vida privada y el gusto de exponer la nuestra tienen un mismo epicentro que es el ego: el yo como el centro del mundo y juez para adjetivar entre lo correcto, lo bueno, lo mal hecho y lo malo; tendencia irreversible porque las experiencias se procesan de manera individual, el filtro somos nosotros mismo. Más sin embargo, hay personajes que se regocijan en ello y no es difícil identificarlos.
Sostengo que hablar de nosotros es también una necesidad, funciona como una válvula de escape a todo lo que se hierve en el interior, por las avenidas de la ciudad corren ríos de extraños buscando una oportunidad para ser escuchados, lo sé por experiencia propia. Debido a mi cara de gente noble soy el blanco favorito de necesitados de atención, me atacan por todas partes: en el transporte público, en el autobús, en los bares, en la calle, en las filas para hacer pagos. Primero me abordan con una pregunta o una expresión sobre la situación por lo que me veo obligada de manera amable a dar una respuesta, aún siendo escueta y fría regresan a la conversación con otro comentario más elocuente, volteo a verlos, asiento con la cabeza y automáticamente me acorralan sin salida para no cortarles la inspiración, no me atrevo a ser muy dura y me dispongo a escuchar toda clase de historias de vida, a veces su catarsis es tan fuerte que terminan llorando. Algunos ejemplos: una señora viuda que no superaba la muerte de su marido, una madre soltera que le dolía no ver a su hija por unas semanas, un joven que quería ser mariachi y no lo logró debido a problemas que tenia con su papá, un brasero que venia a visitar a su familia después de mucho tiempo, un productor de aguacates que hablaba de los cultivos, un alcohólico regenerado por acercarse a Dios, un joven que a sus veintiún años había sido drogadicto, animador de hoteles en Acapulco, Striper y alumno en una escuela militar.
Este tipo de encuentros involuntarios me han ayudado a identificar una serie de herramientas para hacer hablar a los extraños, como lo he dicho anteriormente no es mi deseo escucharlos pero confieso que algunas veces lo he aplicado. Una vez me topé con una joven policía y me causo cierta curiosidad la razón por la que tenia este oficio. Acercarme fue sencillo me basto tener una duda que resolvió inmediatamente, únicamente asenté y eso valió para que siguiera con las explicaciones, por lo general las personas que están solas suelen ser las conversadoras. Después lancé una pregunta vaga sobre su trabajo y una más inteligente: ¿no tienes miedo a disparar una pistola, al menos yo como mujer me aterraría el solo tocarla? Y duda resuelta, de ahí partió para hablarme de ella misma y supe la razón por la cual era policía.
Los instrumentos para el interrogatorio considero que son los siguientes, en primer lugar la observación, es necesario estudiar al extraño en cuanto a reacciones y gustos, templando el carácter conocemos el camino. Evitar contradecir, solo hacerlo cuando sea necesario para buscar la reafirmación sobre algo que no nos queda claro. Mostrarse interesado y elogiar sus ideas o sus posturas. Y el extraño se convertirá en un conocido.
Después de eso no pasemos por ingenuos y la siguiente etapa es la interpretación del discurso, no si fue verdad o mentira lo dicho, sino de lo que partió para decirlo. Porque cuando nos dan quórum para hablar de nosotros, solemos hacer una extraña combinación entre lo que somos y lo que queremos ser.
Exponernos y conocer la vida privada de los demás forman parte de los placeres culposos que difícilmente aceptamos porque se mueven por el ego y el morbo, pero para nuestra sorpresa, deleitarnos con ellos es esencial, sin estas fugas de escape seriamos demasiado introvertidos y quizás nos volveríamos locos.
Si llevamos el acto de romper la confidencialidad a juicio, inmediatamente todos somos culpables, es evidente que es una falta moral no saber guardar un secreto pero también hay una necesidad humana por compartirlo. Ya que si nuestra vida se concentrará únicamente en mirar nuestros problemas, defectos y no atender otra cosa que nuestra intimidad seria tremendamente aburrida y monótona. La cuestión es sencilla, existe una necesidad intrínseca del ser humano que se llama curiosidad y llega a producir altos niveles de ansiedad sino se satisface, cuando esta viene acompañada de una ligera aversión por las cosas desagradables o con un interés malsano se le llama morbo. Para la industria del entretenimiento es bien sabido que producir morbo vende y la vida de músicos, cantantes, actores, directores de cine, políticos y escritores se ve expuesta en escándalos presentados en diferentes formatos: libros, documentales, programas de espectáculos, periódicos, películas etc. A cualquier personaje público vender la vida privada le deja más ganancias que perdidas, gana popularidad y desde este punto podemos evidenciar otro placer culposo que es el gusto de hablar de nosotros mismos.
Tanto el morbo por la vida privada y el gusto de exponer la nuestra tienen un mismo epicentro que es el ego: el yo como el centro del mundo y juez para adjetivar entre lo correcto, lo bueno, lo mal hecho y lo malo; tendencia irreversible porque las experiencias se procesan de manera individual, el filtro somos nosotros mismo. Más sin embargo, hay personajes que se regocijan en ello y no es difícil identificarlos.
Sostengo que hablar de nosotros es también una necesidad, funciona como una válvula de escape a todo lo que se hierve en el interior, por las avenidas de la ciudad corren ríos de extraños buscando una oportunidad para ser escuchados, lo sé por experiencia propia. Debido a mi cara de gente noble soy el blanco favorito de necesitados de atención, me atacan por todas partes: en el transporte público, en el autobús, en los bares, en la calle, en las filas para hacer pagos. Primero me abordan con una pregunta o una expresión sobre la situación por lo que me veo obligada de manera amable a dar una respuesta, aún siendo escueta y fría regresan a la conversación con otro comentario más elocuente, volteo a verlos, asiento con la cabeza y automáticamente me acorralan sin salida para no cortarles la inspiración, no me atrevo a ser muy dura y me dispongo a escuchar toda clase de historias de vida, a veces su catarsis es tan fuerte que terminan llorando. Algunos ejemplos: una señora viuda que no superaba la muerte de su marido, una madre soltera que le dolía no ver a su hija por unas semanas, un joven que quería ser mariachi y no lo logró debido a problemas que tenia con su papá, un brasero que venia a visitar a su familia después de mucho tiempo, un productor de aguacates que hablaba de los cultivos, un alcohólico regenerado por acercarse a Dios, un joven que a sus veintiún años había sido drogadicto, animador de hoteles en Acapulco, Striper y alumno en una escuela militar.
Este tipo de encuentros involuntarios me han ayudado a identificar una serie de herramientas para hacer hablar a los extraños, como lo he dicho anteriormente no es mi deseo escucharlos pero confieso que algunas veces lo he aplicado. Una vez me topé con una joven policía y me causo cierta curiosidad la razón por la que tenia este oficio. Acercarme fue sencillo me basto tener una duda que resolvió inmediatamente, únicamente asenté y eso valió para que siguiera con las explicaciones, por lo general las personas que están solas suelen ser las conversadoras. Después lancé una pregunta vaga sobre su trabajo y una más inteligente: ¿no tienes miedo a disparar una pistola, al menos yo como mujer me aterraría el solo tocarla? Y duda resuelta, de ahí partió para hablarme de ella misma y supe la razón por la cual era policía.
Los instrumentos para el interrogatorio considero que son los siguientes, en primer lugar la observación, es necesario estudiar al extraño en cuanto a reacciones y gustos, templando el carácter conocemos el camino. Evitar contradecir, solo hacerlo cuando sea necesario para buscar la reafirmación sobre algo que no nos queda claro. Mostrarse interesado y elogiar sus ideas o sus posturas. Y el extraño se convertirá en un conocido.
Después de eso no pasemos por ingenuos y la siguiente etapa es la interpretación del discurso, no si fue verdad o mentira lo dicho, sino de lo que partió para decirlo. Porque cuando nos dan quórum para hablar de nosotros, solemos hacer una extraña combinación entre lo que somos y lo que queremos ser.
Exponernos y conocer la vida privada de los demás forman parte de los placeres culposos que difícilmente aceptamos porque se mueven por el ego y el morbo, pero para nuestra sorpresa, deleitarnos con ellos es esencial, sin estas fugas de escape seriamos demasiado introvertidos y quizás nos volveríamos locos.
miércoles, 18 de octubre de 2006
Sobre el miedo.
Existen en la vida momentos cruciales de carácter azaroso que suelen aparecer en los momentos en que menos lo requerimos, porque si nuestra vida parece la más desgraciada con asuntos cotidianos ¿Cuál es el afán del destino de ponernos en aprietos que nos implican un razonamiento mayor al que estamos acostumbrados?
Así le sucedió a Juan Hernández que no tenía nada de especial más que ser uno de esos tantos con el mismo nombre que ayudan a contar anécdotas simpáticas de los registros oficiales de la identidad. Aquel hombre con una vida pasiva y pocos conflictos debido a su personalidad tímida le temía a todo pero así era feliz, porque a veces es más fácil adecuarte a las disposiciones de los demás que preguntarte por la tuya.
Sin embargo y para su mala suerte uno de esos momentos azarosos lo vino a encontrar cuando después de haberse deleitado con un plato rico en carbohidratos a base de pollo agridulce y arroz frito abrió la galleta de la suerte (irónico) y leyó en letras negras los deseos que el destino tenía guardado para él. Aquel papel que por cierto estaba escrito en Inglés y tradujo con problemas decía “Nunca más volverás a tener miedo”. En vez de tomárselo muy en serio como lo requiere la tradición de los fervientes creyentes a las galletas de la suerte, Juan se rió y la sabiduría china se vengó de él, le cumplió la profecía.
Si el León del Cuento de Mago de Oz se enterara de la facilidad con que este Juan se quitó el miedo de encima es muy seguro que primero blasfemaría por su mala suerte cagandose en cualquier objeto religioso ¡hasta en el mismo Dios!, pero después de su catarsis es muy seguro que lo miraría con envidia, de la buena obvio ¿Quién no quisiera vivir sin miedos? Juan no, el no quería pero le tocó.
Parece que nuestro amigo Juan no es una persona normal por no desear dejar de sentir miedo pero es más común y corriente que nosotros, solo que no sabe vivir sin tener a algo que temerle, porque así es la vida, porque así se controla la sociedad.
Maquiavelo se lo aconsejó a César Borgia “es bueno ser querido pero también ser temido” principio que en la religión es fundamental por más que se trate de convencer que Dios es un ser compasivo, uno no deja de pensar en el castigo por ignorar las leyes divinas ¿acaso la desobediencia no se paga con el infierno? ¿acaso el infierno no es un lugar escabroso lleno de sufrimiento?
Tener miedo no necesariamente significa obtener respeto, pero es la vía más accesible para conseguirlo. Al igual que una madre advierte a su hijo dejar de hacer travesuras por la reprimenda que su padre puede administrarle, de la misma manera un dictador sentencia a un pueblo a acatar sus disposiciones y se inventa una serie de reglas como el toque de queda, la tortura, la cárcel y hasta la misma muerte.
Aunque el hombre esté a la cabeza en la cadena alimenticia y se le adorne con adjetivos de tener un espíritu libre, creativo y audaz, su talón de Aquiles siempre será el miedo. Esa sensación nos lleva a detenernos, a ser cautelosos y a veces hasta paralizarnos. El miedo puede ser una creación mental pero también tiene resonancia física, me atrevo a afirmar que todos conocemos el miedo, ya sea el que se produce ante una reacción a lo desconocido o aquel que es más pasivo por ser infundado.
Los que quieren dominar al mundo saben que tienen que crear el miedo: alimentarlo, exagerarlo e infundirlo; y ejemplos hay muchos. Si le preguntan a Andrés Manuel López Obrador porque perdió las elecciones es seguro que primero maree a su interlocutor sobre el complot y la corrupción en las Instituciones Electorales del país, para después pasar a lo que le llamó “la campaña del miedo “ que sus adversarios infundaron sobre su persona a tal grado que hasta “nuestra querida Elenita” sufrió las consecuencias de afrontarlo.
Lo mismo con George W. Bush que se impone en el miedo oriente con tanques de guerra, aviones silenciosos, bombas inteligentes y defiende a su intervención por un deber extraordinario que tienen los Estados Unidos de salvar el mundo de los tiranos, mientras aumenta la credibilidad en su país prometiendo que lo va a defender de los ataques terroristas, las bombas líquidas en los aviones y el ántrax en la correspondencia.
Y así podemos seguirle sucesivamente con el Chupacabras para distraer la atención de los mexicanos en medio de un hervidero político hasta la leyenda de la Llorona para hacer que los bohemios de antaño llegarán más temprano a sus casas.
El miedo tiene muchos rostros, demasiados motivos para invadirnos. Y es un gran titán al que no podemos vencer, porque cuando nos damos cuenta de su existencia parece que se crece hasta el grado de dominarnos y dejarnos en la entera pasividad.
Es una herramienta de control de los demás así a nosotros mismos cuando desean coartanos o de nuestros propios miedos, cuando no nos permitirnos vencerlos. Es que si este Juan no viviera con miedo ¿entonces cómo conduciría su vida? Si es un hecho que en la libertad abosulta no se puede vivir.
Así le sucedió a Juan Hernández que no tenía nada de especial más que ser uno de esos tantos con el mismo nombre que ayudan a contar anécdotas simpáticas de los registros oficiales de la identidad. Aquel hombre con una vida pasiva y pocos conflictos debido a su personalidad tímida le temía a todo pero así era feliz, porque a veces es más fácil adecuarte a las disposiciones de los demás que preguntarte por la tuya.
Sin embargo y para su mala suerte uno de esos momentos azarosos lo vino a encontrar cuando después de haberse deleitado con un plato rico en carbohidratos a base de pollo agridulce y arroz frito abrió la galleta de la suerte (irónico) y leyó en letras negras los deseos que el destino tenía guardado para él. Aquel papel que por cierto estaba escrito en Inglés y tradujo con problemas decía “Nunca más volverás a tener miedo”. En vez de tomárselo muy en serio como lo requiere la tradición de los fervientes creyentes a las galletas de la suerte, Juan se rió y la sabiduría china se vengó de él, le cumplió la profecía.
Si el León del Cuento de Mago de Oz se enterara de la facilidad con que este Juan se quitó el miedo de encima es muy seguro que primero blasfemaría por su mala suerte cagandose en cualquier objeto religioso ¡hasta en el mismo Dios!, pero después de su catarsis es muy seguro que lo miraría con envidia, de la buena obvio ¿Quién no quisiera vivir sin miedos? Juan no, el no quería pero le tocó.
Parece que nuestro amigo Juan no es una persona normal por no desear dejar de sentir miedo pero es más común y corriente que nosotros, solo que no sabe vivir sin tener a algo que temerle, porque así es la vida, porque así se controla la sociedad.
Maquiavelo se lo aconsejó a César Borgia “es bueno ser querido pero también ser temido” principio que en la religión es fundamental por más que se trate de convencer que Dios es un ser compasivo, uno no deja de pensar en el castigo por ignorar las leyes divinas ¿acaso la desobediencia no se paga con el infierno? ¿acaso el infierno no es un lugar escabroso lleno de sufrimiento?
Tener miedo no necesariamente significa obtener respeto, pero es la vía más accesible para conseguirlo. Al igual que una madre advierte a su hijo dejar de hacer travesuras por la reprimenda que su padre puede administrarle, de la misma manera un dictador sentencia a un pueblo a acatar sus disposiciones y se inventa una serie de reglas como el toque de queda, la tortura, la cárcel y hasta la misma muerte.
Aunque el hombre esté a la cabeza en la cadena alimenticia y se le adorne con adjetivos de tener un espíritu libre, creativo y audaz, su talón de Aquiles siempre será el miedo. Esa sensación nos lleva a detenernos, a ser cautelosos y a veces hasta paralizarnos. El miedo puede ser una creación mental pero también tiene resonancia física, me atrevo a afirmar que todos conocemos el miedo, ya sea el que se produce ante una reacción a lo desconocido o aquel que es más pasivo por ser infundado.
Los que quieren dominar al mundo saben que tienen que crear el miedo: alimentarlo, exagerarlo e infundirlo; y ejemplos hay muchos. Si le preguntan a Andrés Manuel López Obrador porque perdió las elecciones es seguro que primero maree a su interlocutor sobre el complot y la corrupción en las Instituciones Electorales del país, para después pasar a lo que le llamó “la campaña del miedo “ que sus adversarios infundaron sobre su persona a tal grado que hasta “nuestra querida Elenita” sufrió las consecuencias de afrontarlo.
Lo mismo con George W. Bush que se impone en el miedo oriente con tanques de guerra, aviones silenciosos, bombas inteligentes y defiende a su intervención por un deber extraordinario que tienen los Estados Unidos de salvar el mundo de los tiranos, mientras aumenta la credibilidad en su país prometiendo que lo va a defender de los ataques terroristas, las bombas líquidas en los aviones y el ántrax en la correspondencia.
Y así podemos seguirle sucesivamente con el Chupacabras para distraer la atención de los mexicanos en medio de un hervidero político hasta la leyenda de la Llorona para hacer que los bohemios de antaño llegarán más temprano a sus casas.
El miedo tiene muchos rostros, demasiados motivos para invadirnos. Y es un gran titán al que no podemos vencer, porque cuando nos damos cuenta de su existencia parece que se crece hasta el grado de dominarnos y dejarnos en la entera pasividad.
Es una herramienta de control de los demás así a nosotros mismos cuando desean coartanos o de nuestros propios miedos, cuando no nos permitirnos vencerlos. Es que si este Juan no viviera con miedo ¿entonces cómo conduciría su vida? Si es un hecho que en la libertad abosulta no se puede vivir.
jueves, 5 de octubre de 2006
La socialización fome
“Este es supuestamente un hermoso mundo
y este falso hombre soy yo
tratando de contribuir.”
José del Paso.
y este falso hombre soy yo
tratando de contribuir.”
José del Paso.
A veces tengo ganas de convertirme en puro espíritu y deambular por la vida sin cuerpo, sin rostro, no ser mas que una sustancia volátil como una nube, que viene de un lado a otro arrastrada por el viento, que toma diferentes formas y sin cuerpo sólido. Pero mi espíritu este está atrapado en mi corporeidad, por eso mis movimientos son lentos, tengo necesidades y sobretodo me define una identidad, primero por mi género, luego por mi complexión y hasta el ultimo por el disfraz con el que lo cubro todos los días, que lejos de ser ropas y estilos, también se compone de códigos culturales y sociales. Es decir, estoy atrapada en un cuerpo que me define y limita a mi espíritu.
Es difícil evadir a la condición humana de cargar con una corporeidad que percibe el tiempo, la distancia y el espacio, pero sin embargo es lo que prometen los avances tecnológicos. Las vías de comunicación y los sistemas de transporte son más rápidos y eficientes, el tiempo de vida se alarga con los descubrimientos médicos y podemos tener acceso a otras culturas y lugares lejanos. El ser humano se expande más allá de su localidad.
¿Pero para qué? ¿Qué esa necesidad que lo lleva a desafiar a su naturaleza y su condición? ¿Para que “acércanos más” a los otros seres humanos? ¿Para qué abrir sistemas de comunicación que nos permitan estar en contacto más fácilmente? ¿Será hambre de conocimiento o exceso de soledad?
Existe un sexto continente donde se desafía a la corporeidad, el tiempo, el espacio y la distancia, se le llama la Red de Internet, en la que nos encontramos situados. Algunos le llaman una realidad virtual, otros lo definen como un mundo cibernético, otros llegan a hablar de hiperrealidad; discusiones científicas que tratan de aprehender y de entender este nuevo fenómeno. Para esa discusión dejo un link interesante.
Comúnmente algunos amigos me llaman “adicta al Messenger” por la cantidad de horas que paso en línea, no sé si también se refieran a que tengo un Blog, un Space en Messenger, una suscripción a YouTube, Hi5, Ringo, Gente Box Team, soy una asidua jugadora de domino, tengo una cuenta de correo en Hotmail, otra en Yahoo y una en Gmail. Uso Skype para la transmisión de voz, un programa que no uso que se llama I Visit para transmisión de video y audio y tengo un webcam. Un programa para bajar música, leo noticias en la red, escucho radio y tengo una lista de sitios favoritos que suelo visitar con frecuencia en busca de información. Y lo más interesante de todo es que tengo un nick con personalidad propia, La Lola, que hablar de ella seria muy interesante pero eso lo dejare para después.
Por increíble que parezca el párrafo anterior aun sé que me hace falta por conocer otras aplicaciones y otras tantas cosas más que circulan por la red. Pero lo descrito anteriormente me sitúa como casi una habitante completa de este mundo en línea. Que me da para escribir este post y tomar opinión, no quiero ser neutral está vez por lo que advierto que puede estar sesgado por mis opiniones personales.
Es que sencillamente hoy me harté de la socialización fome que se ha convertido en lo que deja más ganancias “haz amigos y encuentra tu pareja en la web” Antes que me caiga toda la mierda que sé que algunos tienen en la punta de la lengua, debo de reconocer que tengo al menos dos amigos que nunca los he tocado ni olido pero sin duda me conocen mejor que muchos de los que me rodean y el intercambio cultural e informativo no es para nada despreciable.
A lo que me refiero exactamente es a todos esos estupidos (perdón si hiero susceptibilidades) que se la pasan en el chat conociendo personas, que tienen una inscripción a Mejores Amigos y que les encantan los chat calientes y el intercambio sexual vía web. Me molesta de sobremanera, como también en la vida real, esa forma de contacto tan vacía, tan escueta, tan individualista, que se mueve por perfiles como si tu vida pudiera concentrarse en tus gustos y hábitos. Quisiera dejar en claro que no es una critica directa a las formas que al igual tienen sus funciones y sus repercusiones, a lo que me refiero es al modo.
¿Qué le pasa al ser humano? ¿Desde cuando el exceso de socialización se ha convertido en una soledad vacía? ¿Cuándo surgió esa necesidad de estar con todos y a la misma vez estar solo? Esto es como una noche de antro, las apariencias que al principio son provocativas te dejan un dolor de oídos, de pies, de cabeza, las cuatro crudas y menos centavos.
Si para Luigui Amara en su ensayo “Los impresentables” un feo en un centro comercial es un respiro ante tanta belleza homogenizada, creo que para mi un hombre solitario (por voluntad propia y porque disfruta de ello) es una mina de oro entre tanto pero tanto “dizque contacto humano”.
Es difícil evadir a la condición humana de cargar con una corporeidad que percibe el tiempo, la distancia y el espacio, pero sin embargo es lo que prometen los avances tecnológicos. Las vías de comunicación y los sistemas de transporte son más rápidos y eficientes, el tiempo de vida se alarga con los descubrimientos médicos y podemos tener acceso a otras culturas y lugares lejanos. El ser humano se expande más allá de su localidad.
¿Pero para qué? ¿Qué esa necesidad que lo lleva a desafiar a su naturaleza y su condición? ¿Para que “acércanos más” a los otros seres humanos? ¿Para qué abrir sistemas de comunicación que nos permitan estar en contacto más fácilmente? ¿Será hambre de conocimiento o exceso de soledad?
Existe un sexto continente donde se desafía a la corporeidad, el tiempo, el espacio y la distancia, se le llama la Red de Internet, en la que nos encontramos situados. Algunos le llaman una realidad virtual, otros lo definen como un mundo cibernético, otros llegan a hablar de hiperrealidad; discusiones científicas que tratan de aprehender y de entender este nuevo fenómeno. Para esa discusión dejo un link interesante.
Comúnmente algunos amigos me llaman “adicta al Messenger” por la cantidad de horas que paso en línea, no sé si también se refieran a que tengo un Blog, un Space en Messenger, una suscripción a YouTube, Hi5, Ringo, Gente Box Team, soy una asidua jugadora de domino, tengo una cuenta de correo en Hotmail, otra en Yahoo y una en Gmail. Uso Skype para la transmisión de voz, un programa que no uso que se llama I Visit para transmisión de video y audio y tengo un webcam. Un programa para bajar música, leo noticias en la red, escucho radio y tengo una lista de sitios favoritos que suelo visitar con frecuencia en busca de información. Y lo más interesante de todo es que tengo un nick con personalidad propia, La Lola, que hablar de ella seria muy interesante pero eso lo dejare para después.
Por increíble que parezca el párrafo anterior aun sé que me hace falta por conocer otras aplicaciones y otras tantas cosas más que circulan por la red. Pero lo descrito anteriormente me sitúa como casi una habitante completa de este mundo en línea. Que me da para escribir este post y tomar opinión, no quiero ser neutral está vez por lo que advierto que puede estar sesgado por mis opiniones personales.
Es que sencillamente hoy me harté de la socialización fome que se ha convertido en lo que deja más ganancias “haz amigos y encuentra tu pareja en la web” Antes que me caiga toda la mierda que sé que algunos tienen en la punta de la lengua, debo de reconocer que tengo al menos dos amigos que nunca los he tocado ni olido pero sin duda me conocen mejor que muchos de los que me rodean y el intercambio cultural e informativo no es para nada despreciable.
A lo que me refiero exactamente es a todos esos estupidos (perdón si hiero susceptibilidades) que se la pasan en el chat conociendo personas, que tienen una inscripción a Mejores Amigos y que les encantan los chat calientes y el intercambio sexual vía web. Me molesta de sobremanera, como también en la vida real, esa forma de contacto tan vacía, tan escueta, tan individualista, que se mueve por perfiles como si tu vida pudiera concentrarse en tus gustos y hábitos. Quisiera dejar en claro que no es una critica directa a las formas que al igual tienen sus funciones y sus repercusiones, a lo que me refiero es al modo.
¿Qué le pasa al ser humano? ¿Desde cuando el exceso de socialización se ha convertido en una soledad vacía? ¿Cuándo surgió esa necesidad de estar con todos y a la misma vez estar solo? Esto es como una noche de antro, las apariencias que al principio son provocativas te dejan un dolor de oídos, de pies, de cabeza, las cuatro crudas y menos centavos.
Si para Luigui Amara en su ensayo “Los impresentables” un feo en un centro comercial es un respiro ante tanta belleza homogenizada, creo que para mi un hombre solitario (por voluntad propia y porque disfruta de ello) es una mina de oro entre tanto pero tanto “dizque contacto humano”.
*Fome: Modismo Chileno que significa aburrido, sin chiste, simple.
miércoles, 6 de septiembre de 2006
La promesa
Se abre la boca, el aire que viene de regreso impulsa a las cuerdas vocales para traducir el mandato que viene del cerebro, lo pensado. Sale ligera, como un soplo de viento, se suspende en la atmósfera y espera pacientemente la reacción… la promesa ya se hizo verbo.
La promesa es un lucro, comprometemos en futuro por recibir algo a cambio e inmediatamente. Los políticos prometen para conseguir un voto, los alcohólicos prometen para encontrar el perdón, los fumadores prometen para no sentir el juicio, los productos milagrosos prometen para ser comprados y los amantes también prometen:
“Yo sé bien que hay palabras huecas en la mar y que nadie las oyó con atención, y esas palabras oh mi amor suenan al corazón y así te quiero hablar, con notas de canto nupcial si en Aranjuez me es esperas”
Las palabras huecas a las que alude este párrafo no son más que las promesas suspendidas que se hacen los amantes que se olvidan después de haber satisfecho su interés, por eso nadie las oyó; pero hay un amante que las retoma en nombre de su pasión para pedirle a su amada que no olvide y anuncia su promesa, casarse con ella. ¿Acaso no apostó por el futuro matrimonio para no conseguir el olvido?
¡Qué soberbio es el hombre o la mujer que promete! Porque cree que puede comprometer el mañana, pero lo hace ingenuamente, la humanidad por instinto ha dedicado su existencia a querer someter al tiempo y la naturaleza, pero la distancia nos alcanza, también la vejez y los huracanes, terremotos, tsunamis, erosiones etc, nos exterminan sin poder luchar contra ellos.
Por eso la promesa que se cumple tiene un valor muy alto, por haberle ganado al destino pero también, por no haber olvidado las emociones que nos llevaron a prometer. En una catarsis es muy fácil evadir y obtener prometiendo, pero después el acto, también es fácil olvidar porque uno ya no se siente igual.
La promesa también anuncia una espera y empeñamos otro valor, el compromiso. ¿Cuál es el costo de la promesa? Una promesa no cumplida que no se ha fijado en el olvido, nos ata un risco donde un águila nos come el hígado y cuando termina, el hígado se vuelve integrar, sometiéndonos a un dolor eterno.
La promesa que damos o la que recibimos realmente es seductora y podemos hipnotizarnos con ella ¿pero valdrá la pena creerla y esperarla? Porque a veces parecen solo eso, ligeros soplos de viento que emiten los que se sienten semidioses que se hacen mortales de nuevo, cuando cumplen su promesa.
La promesa es un lucro, comprometemos en futuro por recibir algo a cambio e inmediatamente. Los políticos prometen para conseguir un voto, los alcohólicos prometen para encontrar el perdón, los fumadores prometen para no sentir el juicio, los productos milagrosos prometen para ser comprados y los amantes también prometen:
“Yo sé bien que hay palabras huecas en la mar y que nadie las oyó con atención, y esas palabras oh mi amor suenan al corazón y así te quiero hablar, con notas de canto nupcial si en Aranjuez me es esperas”
Las palabras huecas a las que alude este párrafo no son más que las promesas suspendidas que se hacen los amantes que se olvidan después de haber satisfecho su interés, por eso nadie las oyó; pero hay un amante que las retoma en nombre de su pasión para pedirle a su amada que no olvide y anuncia su promesa, casarse con ella. ¿Acaso no apostó por el futuro matrimonio para no conseguir el olvido?
¡Qué soberbio es el hombre o la mujer que promete! Porque cree que puede comprometer el mañana, pero lo hace ingenuamente, la humanidad por instinto ha dedicado su existencia a querer someter al tiempo y la naturaleza, pero la distancia nos alcanza, también la vejez y los huracanes, terremotos, tsunamis, erosiones etc, nos exterminan sin poder luchar contra ellos.
Por eso la promesa que se cumple tiene un valor muy alto, por haberle ganado al destino pero también, por no haber olvidado las emociones que nos llevaron a prometer. En una catarsis es muy fácil evadir y obtener prometiendo, pero después el acto, también es fácil olvidar porque uno ya no se siente igual.
La promesa también anuncia una espera y empeñamos otro valor, el compromiso. ¿Cuál es el costo de la promesa? Una promesa no cumplida que no se ha fijado en el olvido, nos ata un risco donde un águila nos come el hígado y cuando termina, el hígado se vuelve integrar, sometiéndonos a un dolor eterno.
La promesa que damos o la que recibimos realmente es seductora y podemos hipnotizarnos con ella ¿pero valdrá la pena creerla y esperarla? Porque a veces parecen solo eso, ligeros soplos de viento que emiten los que se sienten semidioses que se hacen mortales de nuevo, cuando cumplen su promesa.
miércoles, 9 de agosto de 2006
Los horrores del paraíso.
Cada vez que escuchó la palabra paraíso no puedo dejar de pensar en la ilustración de las revistas que los Testigos de Jehová te regalan a cambio de que cumplan una de sus más fieles promesas religiosas, la de instruir en la palabra de Dios, ese es mi premio por decir a todo que si y no cuestionar nada. El paraíso que ellos pintan es igual al que me relataban las monjas en la clase de Educación en la Fe, un paisaje de ensueño, pintado de color verde por la extensa vegetación, animales de todas las especies conviviendo en armonía con los hombres de todas las razas, caudales de ostentosos de agua, de felicidad y de paz. Esa es la idea del lugar ideal que te ofrecen si fuiste un mortal obediente con los preceptos de Dios.
Otro tipo de paraíso es que relata Aldous Huxley, escritor de un clásico “Un mundo feliz” y en efecto aquello era un paraíso. Del libro solo tomare la descripción del lugar, donde convive una humanidad desenfadada, saludable y tecnológicamente muy avanzada. Me imagino aquel lugar como un resort cinco estrellas cerca de la playa; limpio, cordial, donde otros hacen el trabajo pesado por ti y organizan tu día mientras te dedicas a comer, tomar el sol, leer, beber alcohol, bailar, dormir… vaya un paraíso terrenal.
En efecto los dos lugares citados no son más que literatura, también la Biblia es un libro que a través de parábolas y relatos trasmiten la palabra de Dios y además fue escrita por hombres. La palabra clave de los dos lugares es felicidad. No tengo la menor idea de donde surgió esta imagen del paraíso pero creo que la mayoría la comparte, quizás porque ese lugar ideal contiene algo a lo que todos anhelan. Sin embargo ¿a cambio de qué? La palabra antónima se llama libertad, ese es el horror de los dos paraísos literarios.
En el paraíso divino se gana a base de meritos, que implican primero tener Fe y no cuestionar en las reglas morales preescritas, seguir y sentir una serie de rituales de alabanza a Dios; al menos en la católica se deben de cumplir los 10 mandamientos y cumplir con siete sacramentos donde se comprometen con la ideología cristiana y en cierta parte se pierde la libertad. Con Huxley, a los habitantes del mundo feliz los hicieron renunciar a la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión y la filosofía. Y son vigilados bajo un gobierno “pacifico” que los predetermina y manipula; es decir, también les roba su libertad.
Ante ese panorama la felicidad suena a homogeneidad y me lleva a preguntarme por la belleza del infierno. Quizás ahí encuentre a Sartre caminando sobre un mar de lava, repitiendo con una voz lacerante que la humanidad esta condenada a ser libre, a decidir y hacerse responsable de sus actos. Al mismo tiempo que danzan a su alrededor las almas en un eterno sufrimiento que consuelan a su conciencia recordando la dosis pequeña de felicidad que experimentaron en la tierra cuando se negaron acceder a algo con lo que nunca estuvieron de acuerdo.
Sin embargo nada me causa más horror que los paraísos terrenales y uno se construye uno a pasos agigantados en Dubai, es uno de los siete estados que integran a los Emiratos Árabes Unidos. En el año 2010 contará la torre más alta del mundo, un hotel submarino, un parque temático donde los dinosaurios parecen reales, el centro comercial más grande del mundo con las marcas más exquisitas, oasis artificiales y playas exclusivas.
Este paraíso occidental en oriente, es horrorizado por Mike Davis[1] cuando nos relata la otra realidad del lugar que se compone con su alta tolerancia al alcohol, las drogas, la prostitución, con trabajadores explotados, contratos desiguales, pobreza, secuestro, esclavitud, violencia. Si en los dos paraísos anteriores era una “fuerza divina” o “un gobierno pacifico” ahora quien intermedia el acceso a esa “felicidad neoliberalizada” es el dinero y el capital privado de unos cuantos inspirado por una ideología que prometió la igualdad y sin embargo la acota entre los privilegiados y la mayoría, los sometidos.
Los paraísos son un espejismo que disfraza el horror con la más sutil de la belleza, aquella que se compone con el anhelo más deseado por el ser humano, la felicidad no importa como esta sea concebida, pero cuando apuesta por ella pierde su libertad y la capacidad de hacer justicia. Ante estos horrores prefiero seguir creyendo que después de la muerte simplemente, no hay nada.
[1] Hago referencia a Paraíso Siniestro ¿El camino al futuro termina el Dubai? Por Mike Davis
Otro tipo de paraíso es que relata Aldous Huxley, escritor de un clásico “Un mundo feliz” y en efecto aquello era un paraíso. Del libro solo tomare la descripción del lugar, donde convive una humanidad desenfadada, saludable y tecnológicamente muy avanzada. Me imagino aquel lugar como un resort cinco estrellas cerca de la playa; limpio, cordial, donde otros hacen el trabajo pesado por ti y organizan tu día mientras te dedicas a comer, tomar el sol, leer, beber alcohol, bailar, dormir… vaya un paraíso terrenal.
En efecto los dos lugares citados no son más que literatura, también la Biblia es un libro que a través de parábolas y relatos trasmiten la palabra de Dios y además fue escrita por hombres. La palabra clave de los dos lugares es felicidad. No tengo la menor idea de donde surgió esta imagen del paraíso pero creo que la mayoría la comparte, quizás porque ese lugar ideal contiene algo a lo que todos anhelan. Sin embargo ¿a cambio de qué? La palabra antónima se llama libertad, ese es el horror de los dos paraísos literarios.
En el paraíso divino se gana a base de meritos, que implican primero tener Fe y no cuestionar en las reglas morales preescritas, seguir y sentir una serie de rituales de alabanza a Dios; al menos en la católica se deben de cumplir los 10 mandamientos y cumplir con siete sacramentos donde se comprometen con la ideología cristiana y en cierta parte se pierde la libertad. Con Huxley, a los habitantes del mundo feliz los hicieron renunciar a la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión y la filosofía. Y son vigilados bajo un gobierno “pacifico” que los predetermina y manipula; es decir, también les roba su libertad.
Ante ese panorama la felicidad suena a homogeneidad y me lleva a preguntarme por la belleza del infierno. Quizás ahí encuentre a Sartre caminando sobre un mar de lava, repitiendo con una voz lacerante que la humanidad esta condenada a ser libre, a decidir y hacerse responsable de sus actos. Al mismo tiempo que danzan a su alrededor las almas en un eterno sufrimiento que consuelan a su conciencia recordando la dosis pequeña de felicidad que experimentaron en la tierra cuando se negaron acceder a algo con lo que nunca estuvieron de acuerdo.
Sin embargo nada me causa más horror que los paraísos terrenales y uno se construye uno a pasos agigantados en Dubai, es uno de los siete estados que integran a los Emiratos Árabes Unidos. En el año 2010 contará la torre más alta del mundo, un hotel submarino, un parque temático donde los dinosaurios parecen reales, el centro comercial más grande del mundo con las marcas más exquisitas, oasis artificiales y playas exclusivas.
Este paraíso occidental en oriente, es horrorizado por Mike Davis[1] cuando nos relata la otra realidad del lugar que se compone con su alta tolerancia al alcohol, las drogas, la prostitución, con trabajadores explotados, contratos desiguales, pobreza, secuestro, esclavitud, violencia. Si en los dos paraísos anteriores era una “fuerza divina” o “un gobierno pacifico” ahora quien intermedia el acceso a esa “felicidad neoliberalizada” es el dinero y el capital privado de unos cuantos inspirado por una ideología que prometió la igualdad y sin embargo la acota entre los privilegiados y la mayoría, los sometidos.
Los paraísos son un espejismo que disfraza el horror con la más sutil de la belleza, aquella que se compone con el anhelo más deseado por el ser humano, la felicidad no importa como esta sea concebida, pero cuando apuesta por ella pierde su libertad y la capacidad de hacer justicia. Ante estos horrores prefiero seguir creyendo que después de la muerte simplemente, no hay nada.
[1] Hago referencia a Paraíso Siniestro ¿El camino al futuro termina el Dubai? Por Mike Davis
sábado, 5 de agosto de 2006
Apuntes de una soltera.
Con todo mi cariño a Elisa, Sandra, Yunuen, Marce y todas las mujeres solteras que me rodean.
Los mexicanos o para ser precisa, los mexicanos que me rodean a diario, tenemos muy poca imaginacion para saludarnos. Solemos besar la mejilla, abrazarnos y preguntar ¿Cómo estas? Casi al unísono y rematar con un bien gracias. Ritual sencillo que no ofrece mayor información de cómo va nuestra existencia. Pero si ese saludo se dirige a una mujer joven por parte de alguna amiga o tía que han permanecido alejados, automáticamente se le suma otra pregunta que depende sus circunstancias sentimentales anteriores ¿todavía sigues con fulanito de tal? En caso de haber tenido novio o la otra posibilidad ¿ya tienes galán?; ¿Pero por qué no preguntan por sus estudios? ¿Por su trabajo? ¿O si por si ya practica la última rutina de ejercicio que combina yoga, pilates y tai chi?
Y si eso resulta incómodo que se puede decir cuando una chica soltera se topa con un aspirante a pretendiente que se acerca tímidamente a preguntarle por su nombre, su edad, si estudia o trabaja y una vez que concluye la rutina básica de preguntas viene un juego de frases comunes que se compone de la siguiente manera ¿tienes novio? ¿Y por qué no? ¿Tus amigos han de estar ciegos por qué me parece que eres muy bonita? Para esos momentos ella hubiera mejor deseado contestar con un –si tengo- sobre todo porque ingenuamente le preguntan por las razones del por qué no. Creo que si a las solteras se les vendiera un diagnostico que les mostrara los motivos por los que están solas, me atrevo ha afirmar que ese negocio seria más exitoso que los productos OmniLife.
Es que parece ser que para la sociedad en la que vivimos una de las principales aspiraciones de las mujeres jóvenes es estar enroladas en un noviazgo. Las bisabuelas aconsejaban a las abuelas que lo correcto era aprender lo más pronto posible las labores del hogar para casarse jóvenes, como se usaba en aquellos tiempos. Ahora los consejos de las madres a sus hijas son, terminar el nivel más alto de estudio al que se pueda tener acceso, trabajar por un tiempo y casarse a una edad razonable para evitar los riesgos durante la etapa del embarazo. Y si el fin es el matrimonio ¿entonces la soltería es un síntoma que anuncia que sino apresuramos el paso quizás se nos vaya el tren?
Si las mujeres o para ser más precisa, las mujeres jóvenes que me rodean, dejáramos los asuntos del emparejamiento a la casualidad y reduciéramos nuestra preocupación por ello, creo que emocionalmente estaríamos más tranquilas. Y la frase “soy soltera” evocaría solamente lo que es “estoy sola” y no “estoy fea, estoy gorda, soy poco agradable, nada simpática, el amor no se hizo para mi, mejor me hago lesbiana, estoy pagando un karma etcétera, etcétera, etcétera”
Nuestra ingenuidad permite que otros lucren con el miedo a la soltería porque no es de “a gratis” que la mayoría de las conversaciones entre amigas se tornen en auténticos debates que sus argumentos se ven alimentados por las enseñanzas de las telenovelas mexicanas, los consejos de los programas para el corazón que se sintonizan en la radio, la cantidad de revistas femeninas y literatura de superación personal que adornan los estantes aunado a los consejos de hechicería de la bruja blanca a la que consulta tu tía.
Me resulta absurda la cantidad de energía que se pierde buscando al “príncipe azul” y no es que yo considere que no es bueno tener una pareja y vivir la experiencia, sino que aun siendo mujer me veo sorprendida por las de mi propio sexo porque buscamos obsesivamente estar con alguien aunque eso implique que perdamos libertad de movimiento al caminar, que nuestro tiempo se empate con la agenda del otro, que nuestra autoestima sube o baje dependiendo de la cantidad de atención que nos da nuestra pareja, que tratemos de explicar a fondo nuestros sentimientos a alguien que los puede entender pero no comprender y pasemos a la siguiente fase de documentación, la que nos dice como retenerlo.
Ahora, a los hombres o para ser más precisa, a los hombres que me rodean, el asunto del tener novio o no, solamente resulta relevante a la hora en que desean pretender a una fémina, porque lo irónico es que esta absurda obsesión solo tiene sentido en el mundo de las mujeres, cuando compiten entre ellas.
Los mexicanos o para ser precisa, los mexicanos que me rodean a diario, tenemos muy poca imaginacion para saludarnos. Solemos besar la mejilla, abrazarnos y preguntar ¿Cómo estas? Casi al unísono y rematar con un bien gracias. Ritual sencillo que no ofrece mayor información de cómo va nuestra existencia. Pero si ese saludo se dirige a una mujer joven por parte de alguna amiga o tía que han permanecido alejados, automáticamente se le suma otra pregunta que depende sus circunstancias sentimentales anteriores ¿todavía sigues con fulanito de tal? En caso de haber tenido novio o la otra posibilidad ¿ya tienes galán?; ¿Pero por qué no preguntan por sus estudios? ¿Por su trabajo? ¿O si por si ya practica la última rutina de ejercicio que combina yoga, pilates y tai chi?
Y si eso resulta incómodo que se puede decir cuando una chica soltera se topa con un aspirante a pretendiente que se acerca tímidamente a preguntarle por su nombre, su edad, si estudia o trabaja y una vez que concluye la rutina básica de preguntas viene un juego de frases comunes que se compone de la siguiente manera ¿tienes novio? ¿Y por qué no? ¿Tus amigos han de estar ciegos por qué me parece que eres muy bonita? Para esos momentos ella hubiera mejor deseado contestar con un –si tengo- sobre todo porque ingenuamente le preguntan por las razones del por qué no. Creo que si a las solteras se les vendiera un diagnostico que les mostrara los motivos por los que están solas, me atrevo ha afirmar que ese negocio seria más exitoso que los productos OmniLife.
Es que parece ser que para la sociedad en la que vivimos una de las principales aspiraciones de las mujeres jóvenes es estar enroladas en un noviazgo. Las bisabuelas aconsejaban a las abuelas que lo correcto era aprender lo más pronto posible las labores del hogar para casarse jóvenes, como se usaba en aquellos tiempos. Ahora los consejos de las madres a sus hijas son, terminar el nivel más alto de estudio al que se pueda tener acceso, trabajar por un tiempo y casarse a una edad razonable para evitar los riesgos durante la etapa del embarazo. Y si el fin es el matrimonio ¿entonces la soltería es un síntoma que anuncia que sino apresuramos el paso quizás se nos vaya el tren?
Si las mujeres o para ser más precisa, las mujeres jóvenes que me rodean, dejáramos los asuntos del emparejamiento a la casualidad y reduciéramos nuestra preocupación por ello, creo que emocionalmente estaríamos más tranquilas. Y la frase “soy soltera” evocaría solamente lo que es “estoy sola” y no “estoy fea, estoy gorda, soy poco agradable, nada simpática, el amor no se hizo para mi, mejor me hago lesbiana, estoy pagando un karma etcétera, etcétera, etcétera”
Nuestra ingenuidad permite que otros lucren con el miedo a la soltería porque no es de “a gratis” que la mayoría de las conversaciones entre amigas se tornen en auténticos debates que sus argumentos se ven alimentados por las enseñanzas de las telenovelas mexicanas, los consejos de los programas para el corazón que se sintonizan en la radio, la cantidad de revistas femeninas y literatura de superación personal que adornan los estantes aunado a los consejos de hechicería de la bruja blanca a la que consulta tu tía.
Me resulta absurda la cantidad de energía que se pierde buscando al “príncipe azul” y no es que yo considere que no es bueno tener una pareja y vivir la experiencia, sino que aun siendo mujer me veo sorprendida por las de mi propio sexo porque buscamos obsesivamente estar con alguien aunque eso implique que perdamos libertad de movimiento al caminar, que nuestro tiempo se empate con la agenda del otro, que nuestra autoestima sube o baje dependiendo de la cantidad de atención que nos da nuestra pareja, que tratemos de explicar a fondo nuestros sentimientos a alguien que los puede entender pero no comprender y pasemos a la siguiente fase de documentación, la que nos dice como retenerlo.
Ahora, a los hombres o para ser más precisa, a los hombres que me rodean, el asunto del tener novio o no, solamente resulta relevante a la hora en que desean pretender a una fémina, porque lo irónico es que esta absurda obsesión solo tiene sentido en el mundo de las mujeres, cuando compiten entre ellas.
miércoles, 29 de marzo de 2006
Educación sentimental.
Ayer por la noche escuché una entrevista que le hacían a Patricia Mercado, la única mujer que compitiendo por la Presidencia de la Republica Mexicana. El programa era de un corte de entretenimiento y no político por lo que me quede averiguar la manera en que iba a sortear las preguntas indiscretas, superficiales ante un personaje vestido de mujer. El resultado fue el mismo, una postura amable y abierta sin dejar de lado el papel del político serio que evade cualquier pregunta comprometedora con sus propuestas de campaña. La formulita así es, da pena decirlo pero no es mas que promoción electoral y se debe de cuidar muy bien de las criticas ajenas, así funciona.
Dentro de sus propuestas y argumentos, para mí ya bien conocidos por mis experiencias anteriores, habló sobre la necesidad de promover la educación sexual entre los adolescentes y jóvenes mexicanos, sobre todo con las mujeres. Y si, eso suena muy bien, de esa manera nos enteraríamos de los métodos anticonceptivos, la manera de prevenir enfermedades, la famosa persuasión para asegurarnos que nuestra pareja se cuide, sobre el condón femenino, la capacidad de decisión; todo muy bien… hasta que me asaltó una idea… ¿y la educación sentimental?
Debido al carácter de la educación tradicionalista/católica mexicana, puedo decir que yo y muchas varias más, crecimos bajo los preceptos religiosos de las “mujeres dignas”, las santas y las vírgenes. Puras, inocentes, abnegadas, sacrificadas por su familia e hijos, austeras, de buenos principios y sobretodo, con la creencia de que el sexo solo para procrear y hay de una si osa en querer parecerse a Maria Magdalena o Eva. Las mujeres pecadoras por naturaleza y motivo para expulsar a la humanidad del paraíso.
Y por el otro lado, las cenicientas mexicanas de las novelas que se consumen como rutina cultural en los horarios estelares, desde que era niña veía más novelas que caricaturas y hasta la fecha las sigo consumiendo. Y ahí aparecen mujeres que se enamoran de un solo hombre, que se sacrifican hasta la muerte por él, que son capaces de sufrir las peores penas por amor, que aman eternamente, se abnegan ante la maldad de las otras, lloran, lloran y todo lo hacen por amor.
Y vaya que tienen efectos secundarios, sin pelos en la lengua puedo decir que un vivo ejemplo soy yo. De vez en cuando sino siempre, me descubro repitiendo las mismas líneas y sufriendo por los mismos argumentos. Desde que tengo uso de memoria creo haber encontrado al príncipe azul, lo idealizo, me enamoro perdidamente y zaz… más temprano que tarde me caigo de la nube. Y me siento la más desdichada, completo performances enteros con lágrimas y dramatismos baratos, creo que el amor no está hecho para mí y sufro ah como sufro.
Y dándome de catorrazos es como estoy aprendiendo, de vivencias propias, consejos de amigas, tías, la madre, de libros como Walter Rizo “amar o depender” y huevadas y medias. Y a varias nos ahorrarían muchas cosas si nos educaran sentimentalmente, bajo el precepto de independencia emocional, autoestima y sin miedo a la soledad.
Lo bueno es que no he hecho un acto digno de lamentarse por amor, todas han sido niñerías, pero seria bueno darse cuenta que la mayoría de jovencitas madres solteras primero se involucraron por amor que por sexo. Que las amas de casa con VIH por Fe ciega a sus maridos y el miedo al abandono, nunca les exigieron que se cuidaran y que todas aquellas mujeres que son golpeadas creen que sin violencia no hay cariño.
Ahora más que nunca las mujeres necesitamos de la educación sexual pero también de la educación sentimental. Enseñar a querer puede ser el principio de prevención sobre muchos problemas sociales.
Dentro de sus propuestas y argumentos, para mí ya bien conocidos por mis experiencias anteriores, habló sobre la necesidad de promover la educación sexual entre los adolescentes y jóvenes mexicanos, sobre todo con las mujeres. Y si, eso suena muy bien, de esa manera nos enteraríamos de los métodos anticonceptivos, la manera de prevenir enfermedades, la famosa persuasión para asegurarnos que nuestra pareja se cuide, sobre el condón femenino, la capacidad de decisión; todo muy bien… hasta que me asaltó una idea… ¿y la educación sentimental?
Debido al carácter de la educación tradicionalista/católica mexicana, puedo decir que yo y muchas varias más, crecimos bajo los preceptos religiosos de las “mujeres dignas”, las santas y las vírgenes. Puras, inocentes, abnegadas, sacrificadas por su familia e hijos, austeras, de buenos principios y sobretodo, con la creencia de que el sexo solo para procrear y hay de una si osa en querer parecerse a Maria Magdalena o Eva. Las mujeres pecadoras por naturaleza y motivo para expulsar a la humanidad del paraíso.
Y por el otro lado, las cenicientas mexicanas de las novelas que se consumen como rutina cultural en los horarios estelares, desde que era niña veía más novelas que caricaturas y hasta la fecha las sigo consumiendo. Y ahí aparecen mujeres que se enamoran de un solo hombre, que se sacrifican hasta la muerte por él, que son capaces de sufrir las peores penas por amor, que aman eternamente, se abnegan ante la maldad de las otras, lloran, lloran y todo lo hacen por amor.
Y vaya que tienen efectos secundarios, sin pelos en la lengua puedo decir que un vivo ejemplo soy yo. De vez en cuando sino siempre, me descubro repitiendo las mismas líneas y sufriendo por los mismos argumentos. Desde que tengo uso de memoria creo haber encontrado al príncipe azul, lo idealizo, me enamoro perdidamente y zaz… más temprano que tarde me caigo de la nube. Y me siento la más desdichada, completo performances enteros con lágrimas y dramatismos baratos, creo que el amor no está hecho para mí y sufro ah como sufro.
Y dándome de catorrazos es como estoy aprendiendo, de vivencias propias, consejos de amigas, tías, la madre, de libros como Walter Rizo “amar o depender” y huevadas y medias. Y a varias nos ahorrarían muchas cosas si nos educaran sentimentalmente, bajo el precepto de independencia emocional, autoestima y sin miedo a la soledad.
Lo bueno es que no he hecho un acto digno de lamentarse por amor, todas han sido niñerías, pero seria bueno darse cuenta que la mayoría de jovencitas madres solteras primero se involucraron por amor que por sexo. Que las amas de casa con VIH por Fe ciega a sus maridos y el miedo al abandono, nunca les exigieron que se cuidaran y que todas aquellas mujeres que son golpeadas creen que sin violencia no hay cariño.
Ahora más que nunca las mujeres necesitamos de la educación sexual pero también de la educación sentimental. Enseñar a querer puede ser el principio de prevención sobre muchos problemas sociales.
El ensayo express... una hora. Instinto Individual
A tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial y el genocidio más reprochado por la historia de la humanidad, el 10 de diciembre 1948 dentro de la asamblea de las Naciones Unidas, se proclamó La Declaración Universal de los Derechos Humanos que plantea que “los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad de derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben de comportase fraternamente los unos con los otros”.
Palabras que supongo sirvieron de consuelo a familias y países enteros que trataban de sanar las heridas de guerra y comenzar de nuevo su vida, una que nunca seria igual. Y era ese decreto internacional una prueba que la humanidad tomaba conciencia de su potencialidad para destruirse a si misma por un motivo simple, el racismo y la superioridad de los arios.
El idealista documento aboga por el respeto a todo hombre u mujer sobre la faz de la tierra, argumenta que en la igualdad y en la libertad se dará el progreso social y como todo final de película, libro religioso o de superación personal, aboga por un “mundo feliz” pacifico y ordenado; que hasta la fecha ha quedado solo en buenas intenciones; para los indígenas, pobres, activistas, mujeres, niños del mundo sin guerras, tampoco existen en la mayoría de los casos, sus derechos humanos.
El fallo quizás pueda atribuírsele a un sistema económico excluyente, la burocracia o ineficiencia de los organismos encargados de vigilar que se cumplan los derechos, a los Gobiernos, a la falta de educación etc. Pero detrás de los telones solo existe un solo culpable, el ser humano mismo.
Para estos momentos valdría la pena traer a la mesa a Charles Darwin y recordar que le evolución sigue un mecanismo natural, la ley de los más fuertes sobre los débiles. Y son los primeros quienes pasan por los segundos para lograr la sobrevivencia de la especie, esa fue la ruta del Homo Sapiens Sapiens, solo que comprendió que individualmente no lograría abatir a la naturaleza y necesitaba de organizarse en pequeñas tribus y ahí nació, el principio de la organización humana, que fue por necesidad y no por convicción.
Para el estudio de la naturaleza humana, Freud platea la pulsion de la autoconservacion carácter erótico, que se entiende como aquella donde aparece un conjunto de necesidades ligadas a las funciones corporales que se precisan para la conservación de la vida de un individuo y sino se dispone de ellas usa a la agresión para conseguir su propósito. Que se puede interpretar, que la misma naturaleza humana esta dotada de impulsos para satisfacer nuestras necesidades corpóreas.
Y en un intento de desmenuzar una convicción profunda me pregunto ¿el ser humano es capaz por naturaleza y convicción racional, ser fraternal con el prójimo? ¿ la compasión y la empatía existen? ¿ la igualdad es posible? O seguimos obedeciendo impulsos individuales, aquellos que han tirado por la borda los idealismos más exquisitos como el socialismo, la proclamación de la revolución francesa “igualdad, fraternidad, libertad”, los Derechos Humanos y tratamos de negar con la idea de Dios, movimientos sociales, Instituciones Internacionales, el arte… el instinto individualista del ser humano.
Palabras que supongo sirvieron de consuelo a familias y países enteros que trataban de sanar las heridas de guerra y comenzar de nuevo su vida, una que nunca seria igual. Y era ese decreto internacional una prueba que la humanidad tomaba conciencia de su potencialidad para destruirse a si misma por un motivo simple, el racismo y la superioridad de los arios.
El idealista documento aboga por el respeto a todo hombre u mujer sobre la faz de la tierra, argumenta que en la igualdad y en la libertad se dará el progreso social y como todo final de película, libro religioso o de superación personal, aboga por un “mundo feliz” pacifico y ordenado; que hasta la fecha ha quedado solo en buenas intenciones; para los indígenas, pobres, activistas, mujeres, niños del mundo sin guerras, tampoco existen en la mayoría de los casos, sus derechos humanos.
El fallo quizás pueda atribuírsele a un sistema económico excluyente, la burocracia o ineficiencia de los organismos encargados de vigilar que se cumplan los derechos, a los Gobiernos, a la falta de educación etc. Pero detrás de los telones solo existe un solo culpable, el ser humano mismo.
Para estos momentos valdría la pena traer a la mesa a Charles Darwin y recordar que le evolución sigue un mecanismo natural, la ley de los más fuertes sobre los débiles. Y son los primeros quienes pasan por los segundos para lograr la sobrevivencia de la especie, esa fue la ruta del Homo Sapiens Sapiens, solo que comprendió que individualmente no lograría abatir a la naturaleza y necesitaba de organizarse en pequeñas tribus y ahí nació, el principio de la organización humana, que fue por necesidad y no por convicción.
Para el estudio de la naturaleza humana, Freud platea la pulsion de la autoconservacion carácter erótico, que se entiende como aquella donde aparece un conjunto de necesidades ligadas a las funciones corporales que se precisan para la conservación de la vida de un individuo y sino se dispone de ellas usa a la agresión para conseguir su propósito. Que se puede interpretar, que la misma naturaleza humana esta dotada de impulsos para satisfacer nuestras necesidades corpóreas.
Y en un intento de desmenuzar una convicción profunda me pregunto ¿el ser humano es capaz por naturaleza y convicción racional, ser fraternal con el prójimo? ¿ la compasión y la empatía existen? ¿ la igualdad es posible? O seguimos obedeciendo impulsos individuales, aquellos que han tirado por la borda los idealismos más exquisitos como el socialismo, la proclamación de la revolución francesa “igualdad, fraternidad, libertad”, los Derechos Humanos y tratamos de negar con la idea de Dios, movimientos sociales, Instituciones Internacionales, el arte… el instinto individualista del ser humano.
miércoles, 8 de marzo de 2006
Ideas Descabelladas
Los seres humanos tenemos una tendencia a “humanizar” la mayoría de los objetos que existen a nuestro alrededor, por eso es común ver a hembras caninas con moños rosas en las orejas, suponer que los extraterrestres tienen ojos, nariz y boca como nosotros y creer que Dios está hecho a imagen y semejanza que cualquier perenganito que se gane la vida decentemente.
Las ideas tan poco se han salvado de esta obsesiva actitud que tenemos de darle cualidades humanas a cualquier cosa que nos pase por enfrente. Una idea ontológicamente se define como una representación mental de un concepto ¿y dónde se encuentra la mente? en la cabeza. Por eso Schopenhauer metaforizó su creencia de la incapacidad intelectual de las mujeres haciendo una asociación con nuestra costumbre estética de llevar largas cabelleras y predicó “las mujeres son animales de cabello largo e ideas cortas”.
Siguiendo los parámetros Schopehaurianos sobre la clasificación de las ideas, podemos interpretar que las buenas son largas con cabello corto y las malas, son cortas con cabello largo.
Sin embargo un anónimo (sin tener la certeza sobre la anterioridad o posteridad del hecho en relación a la existencia del filósofo alemán), se aventuró a plantear una nueva categoría, el de las ideas lampiñas, es decir, las descabelladas.
Las ideas sin cabello son asociadas al sin sentido y al absurdo, por lo que es probable que sufran de una menor aceptación en comparación con las malas, debido a que a tradición epistemológica siempre ha apostado por la racionalidad y la objetividad, por lo que una mala idea es simplemente una solución incorrecta, pero no es imposible.
No obstante a las ideas descabelladas debemos de darles el beneficio de la duda y someterlas como a las demás, a la prueba y al error. Porque sin esa oportunidad Aristóteles no se hubiera percatado que la tierra es redonda, Colón no hubiera descubierto América y la humanidad nunca hubiera pisado la luna. Y esas ideas que al principio se consideraron absurdas, ahora son producto de la evolución humana.
Las ideas descabelladas se deben de apreciar al igual que un trébol de cuatro hojas, porque son impredecibles, momentáneas y quizás también, una muy buena idea.
Las ideas tan poco se han salvado de esta obsesiva actitud que tenemos de darle cualidades humanas a cualquier cosa que nos pase por enfrente. Una idea ontológicamente se define como una representación mental de un concepto ¿y dónde se encuentra la mente? en la cabeza. Por eso Schopenhauer metaforizó su creencia de la incapacidad intelectual de las mujeres haciendo una asociación con nuestra costumbre estética de llevar largas cabelleras y predicó “las mujeres son animales de cabello largo e ideas cortas”.
Siguiendo los parámetros Schopehaurianos sobre la clasificación de las ideas, podemos interpretar que las buenas son largas con cabello corto y las malas, son cortas con cabello largo.
Sin embargo un anónimo (sin tener la certeza sobre la anterioridad o posteridad del hecho en relación a la existencia del filósofo alemán), se aventuró a plantear una nueva categoría, el de las ideas lampiñas, es decir, las descabelladas.
Las ideas sin cabello son asociadas al sin sentido y al absurdo, por lo que es probable que sufran de una menor aceptación en comparación con las malas, debido a que a tradición epistemológica siempre ha apostado por la racionalidad y la objetividad, por lo que una mala idea es simplemente una solución incorrecta, pero no es imposible.
No obstante a las ideas descabelladas debemos de darles el beneficio de la duda y someterlas como a las demás, a la prueba y al error. Porque sin esa oportunidad Aristóteles no se hubiera percatado que la tierra es redonda, Colón no hubiera descubierto América y la humanidad nunca hubiera pisado la luna. Y esas ideas que al principio se consideraron absurdas, ahora son producto de la evolución humana.
Las ideas descabelladas se deben de apreciar al igual que un trébol de cuatro hojas, porque son impredecibles, momentáneas y quizás también, una muy buena idea.
miércoles, 23 de noviembre de 2005
La contaminacion del ruido blanco
Así como las guerras de baja intensidad velan el ataque civil, de la misma manera la publicidad silenciosamente sugestiona nuestras decisiones y satura los paisajes cotidianos que a diario recorremos.
La emergencia de un capitalismo moderno hace tiempo pregonaba que iba ser el libre mercado quien regularia la economía perfecta. Y se dibujaba una onda para demostrar porqué y como lo haría.
La emergencia de un capitalismo moderno hace tiempo pregonaba que iba ser el libre mercado quien regularia la economía perfecta. Y se dibujaba una onda para demostrar porqué y como lo haría.
Y ahora con un mundo doliente de infinidad de problemas sociales, la dinámica del libre comercio es una realidad, aunque maniqueada por algunos con sus propios intereses políticos y económicos.
El ejercicio de la oferta y el consumo, obligó a crear estrategias de marketing y publicidad. Que no son otra cosa que la promoción oportuna de un producto o servicio al público que va dirigido de una manera novedosa y convincente.
Por lo que empresas e instituciones luchan cotidianamente por posicionarse en el “top of mind” de las mayorías y con ello aumentar ganancias o prestigio social. Y es valido, no trato de decir lo contrario, es parte de las reglas del juego y la sobrevivencia.
Pero como en todo kilo de frijoles hay una piedra, les tengo una observación, para ustedes, para ellos, para quien quiera pensarlo. Es increíble la contaminación visual y auditiva de la publicidad. Si como ejercicio nos pusiéramos a describir minuciosamente las escenas de nuestro día denlo por hecho que sigilosamente alguien esta queriéndonos vender algo.
Por las mañanas despiertas y prendes el radio o la televisión, comerciales ruidosos. Sales a la calle y las avenidas están plagadas de espectaculares, los miras y rezas porque no se caiga ninguno encima de ti. Empieza el desfile de automóviles y transporte publico disfrazados de calcomanías coloridas. Te paras en la esquinas y te ofrecen desde periódicos, tarjetas para celular a la misma ves que te regalan volantes y revistas gratuitas pagadas por la publicidad, mientras observas maravillado el baile de unas botargas en la otra esquina de la calle. Accesas a la red Internet y antes de abrir tu correo aparecen ventanas emergentes publicitando. Revisas el mail y solo tienes correos para conocer nuevos o comprar tales cosas a través de la web. Abres el periódico y te das cuenta que lees una importante noticia al lado de una plana colorida y con números que anuncian grandes descuentos. Suena el teléfono y tienes dos opciones, es una grabadora o una agente de telemarketing preguntando si tienes o no ese servicio. Llegas a tu casa y te encuentras con un tipo simpático vendiéndote a mitad de precio los utensilios más maravillosos para hacer tu vida fácil. Sin contar que recoges el correo y la mitad de eso es mas publicidad y la otra, la cuenta de tus tarjetas por dejar seducirte por ella.
Increíble no? Como dice Ska-p “Yo con sumo gusto me dejo consumir”. He aquí la batalla de todos los días, trabajar para luego gastar dinero en esas voces inconscientes que te dicen “cómpralo es lo que te conviene, somos tu mejor opción, mejoramos el precio de la competencia, si no lo tienes estas fuera de onda, tu prestigio social se vera incrementado”
Y llega a tanto la poca vergüenza de la venta que existe una sobredemanda de empleos, si como lo lees, pero para agentes ejecutivos, es decir, vendedores. Linda cadena no?
domingo, 9 de octubre de 2005
Ensayo sobre la memoria
¿Qué es el ser humano? Una composición de huesos y órganos que actúan a un ritmo cíclico de la vida. ¿O solo un entramado de redes neurológicas?.
Lo que yo creo es que somos un libro blanco que se escribe día con día, pero no se llena de nuestras acciones sino de nuestros recuerdos.
“La memoria es selectiva” eso dicen los sociólogos. La historia nunca se escribe con la verdad sino con aquello que fue capaz de dejar evidencias tangibles o historias orales, que se repiten una y otra vez en generaciones para lograr el deseado anhelo de la inmortalidad.
Lo que yo creo es que somos un libro blanco que se escribe día con día, pero no se llena de nuestras acciones sino de nuestros recuerdos.
“La memoria es selectiva” eso dicen los sociólogos. La historia nunca se escribe con la verdad sino con aquello que fue capaz de dejar evidencias tangibles o historias orales, que se repiten una y otra vez en generaciones para lograr el deseado anhelo de la inmortalidad.
En nuestro paso por la vida, feliz y doloroso a la misma vez; individualmente nos forjamos valoraciones, convicciones, pensamientos que no dependen de lo que estamos dispuestos a creer sino de ese mecanismo macabro que se llama memoria.
No somos mas que la narración de nuestras vivencias que permitimos que se queden con nosotros y nos acompañen de por vida, instantes inconscientes que en un momento de paz nos pueden arrancar una sonrisa, dejar caer una lagrima y traer de nuevo esas emociones y sensaciones que alguna vez fuimos capaces de sentir. La vida como un sentido, la vida como la piel.
Me pregunto sino será una condena humana y que la persistencia de la memoria sea como el mismo Dalí la pintó. Relojes varados, un espacio sombrío y abandonado, un lugar sin vida, un instante escurridizo y al final, en el horizonte la esperanza. ¿Podremos huir de ella? ¿Perderíamos nuestra identidad? ¿Se sentirá la misma angustia de no poder aferrarnos a nuestras acciones como cuando el alcohol las desaparece por completo?
“Bienaventurados los olvidadizos que logran superar sus errores”, palabras de Nietzche en mas Allá del Bien y el Mal. ¿Será la única manera de callar nuestros remordimientos y frustraciones? Suena a una manera fácil de poder evadirlos, Oh, bendita modernidad que en el mismo momento en que te defines, te desapareces . O deberíamos de tomar la postura de Sartre, no negar nuestros recuerdos sino superarlos, siendo mas que la suma de nuestras propias acciones.
En la existencia creo que no hay mas que dos jueces, la conciencia y la memoria. Hermanas de sangre, complemento entre ellas mismas. En este momento me pregunto si seria capaz de entregarme al olvido solo por buscar la libertad o condenarme al pasado para superar mis errores y defender mis derechos. Vaya que dilema, ¿qué harías tu?
PD. Y si que duele cuando la propia realidad hace que renuncies a los recuerdos agradables para mirar y fijarte en la memoria perpetua a la verdad.
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